Soy Mariana. Tengo 56 años y estoy casada hace 31 años con Roberto. Tenemos la misma edad. Tuvimos tres hijos, todos escaleritas. José que ahora tiene 30 justito, Valentina que tiene 28 y Javier que cumplió 27 años.
Valentina fue la que salió primero de la casa, a los 25 años ya se casó y salió. Después le tocó al mayor, José. Él se fue el año pasado con su pareja, con quien ya tiene hijos ahora.
Y hace como cuatro meses que Javier viajó fuera del país. Se fue a probar suerte en otro país, este último me destrozó el corazón, porque se fue muy lejos.
Con mi pareja fuimos siempre muy tranquilos, estables, pero nuestro mundo giraba mucho alrededor de nuestros hijos. Cuando se fue la mujercita ya luego nos descolocó.
Ella es nuestro más grande tesoro, nuestra única nena. Se fue una parte de nuestro corazón con ella. Pero entendemos que los hijos no son para nosotros.
Todavía nos quedaban los dos varones, entonces eso nos consolaba. Pero terminaron yéndose también, y es como que la casa quedó tan grande, tan vacía. Ya tengo una nieta, que es de mi hija, y solo cuando vienen a visitarnos hay alegría.
Pero los otros días, terrible es el vacío que se siente. No sé cómo explicar eso, pero mi marido y yo no tenemos más temas de conversación, no hay pues nada que solucionar en la casa.
La mayor parte de nuestra conversación siempre eran cuestiones relacionadas a nuestros hijos.
Roberto lo que resiente mucho, más aún en estas fechas del mundial. Antes los dos muchachos estaban ahí, preparaban el asadito para ver la el partido. Ahora ve solo.
Y los hombres cuando están triste generalmente lo que hacen es aislarse y no hablan de lo que les pasa. Es lo que está pasando en mi casa.
Conversación
Yo trato de hacer conversación con Roberto, pero no ayuda mucho, a esto se le suma que yo también me siento incompleta.
Él tiene una ferretería que funciona en casa mismo. Ahora extendió su horario, una hora más, creo que es para mantenerse ocupado, ya que al terminar ahí ya no están los muchachos para cenar, acompañarle a ver la tele y demás.
Pero en este punto me pregunto yo: ¿qué pasó con nosotros como pareja para llegar al punto de ya no tener temas de qué hablar, o de repente sentir que no encajamos, o estar incómodos y en silencio? ¿Qué puedo hacer?
La respuesta:
Hola, Mariana. Por lo que comentás, parece que estás atravesando la etapa del “nido vacío”, que ocurre cuando los hijos se van de casa y el hogar queda más silencioso. Muchas veces invertimos gran parte de nuestro tiempo, energía y atención en nuestros hijos, en su crianza y bienestar, y nos olvidamos de que también somos una pareja, que es la que permanece cuando ellos forman su propio camino y su propia familia. Este puede ser un buen momento para reencontrarse con ustedes mismos. A veces ayuda recordar qué les gustaba hacer cuando eran novios: salir a caminar, ir al cine o compartir alguna actividad juntos. Tal vez esas cosas ya no les resulten tan atractivas, y está bien. Lo importante es descubrir qué les interesa hoy.También pueden aprovechar para hacer actividades que fueron postergando por las responsabilidades de la crianza: aprender un idioma, hacer zumba, viajar, tomar algún curso o desarrollar un nuevo hobby. La idea es ir descubriendo qué los hace sentir felices en esta nueva etapa, tanto como pareja como de manera individual.