Hola, diario EXTRA. Me llamo Martín y tengo 38 años. Estoy casado hace nueve años y tengo dos hijos.
Hace unos meses mi mejor amiga, a quien conozco desde el colegio, se separó de su marido. Ella quedó muy mal, lloraba todo el tiempo y me decía que no tenía a quién recurrir.
Mi señora también la conocía, incluso varias veces venía a casa a tomar tereré y hablar con nosotros. Como era mi amiga, yo solo quería ayudarle.
Cuando necesitaba hacer algún trámite, yo le llevaba. Si tenía que mover alguna cosa pesada, le ayudaba. Mi señora sabía todo eso y nunca me dijo nada. El problema empezó cuando mi amiga comenzó a escribirme de madrugada. Me decía que no podía dormir, que se sentía sola y que necesitaba hablar con alguien.
Yo le respondía porque me daba pena. Después empezó a decirme cosas como que yo era el único hombre que realmente la escuchaba y que ojalá todos fueran como yo.
Una noche me dijo que quería verme porque estaba muy mal. Fui hasta su casa pensando que podía hacer una macanada. Estuvimos hablando por horas y, en un momento, ella me abrazó y me dio un beso.
Yo me aparté enseguida y le dije que estaba loca, que yo estaba casado y que no podía hacer eso. Ella empezó a llorar y me pidió perdón. Pensé que ahí terminaba todo, pero no fue así.
A partir de ese día comenzó a buscarme más. Me decía que no quería perderme, que yo era importante para ella y que solamente conmigo se sentía tranquila.
Yo empecé a contestarle menos, pero cometí el error de ocultarle algunas conversaciones a mi señora.
Foto
Hasta que un día mi esposa agarró mi celular para buscar una foto de nuestros hijos y vio un mensaje de mi amiga que decía: “No puedo dejar de pensar en lo que pasó esa noche”.
Mi señora me preguntó qué significaba eso. Me quedé helado. Le conté todo, incluso que nunca tuvimos una relación, pero que había permitido una situación que no correspondía.
Ella no me creyó del todo. Me dijo que para ella la traición no empezó con un beso, sino desde el momento en que escondí las conversaciones.
Agarró a nuestros hijos y se fue a la casa de su mamá. Ahora estoy durmiendo solo y mis hijos casi no quieren hablar conmigo porque escucharon toda la pelea con su mamá.
Mi amiga también desapareció y no me contesta para que vaya a explicarle a mi señora. ¿Qué puedo hacer para que mi señora me crea? No quiero perder a mi familia.
La respuesta:
No podés obligar a tu esposa a creerte; ahora la confianza dependerá más de tus conductas sostenidas que de tus explicaciones. Reconocé sin justificar que ocultar conversaciones y mantener ese vínculo emocional cruzó límites importantes dentro del matrimonio. Dale a tu esposa espacio para expresar enojo, dolor y dudas, respondiendo con claridad y sin ponerte a la defensiva. Con tus hijos, evitá involucrarlos en el conflicto de pareja y mantené una presencia afectiva, estable y disponible. Si ambos desean continuar, una terapia de pareja puede ayudar a reconstruir confianza.