Soy María, me dicen ña Mari. Hace más de un año que le recibí a mi hija de 30 años en mi casa, después de que ella ya había salido de la casa.
El tema es que estabanpasando mal, que no tenían dónde quedarse porque ya no podían pagar alquiler, el yerno se quedó sin trabajo y decían también que querían ahorrar para salir adelante.
Como mamá yo feliz de recibirles, principalmente porque mi hija estaba embarazada, no podía desprotegerles en ese momento.
Al principio pensé que sería algo temporal, y la verdad que por mí que se queden todo el tiempo que quieran decía.
Pero yo pensaba desde la emoción de tener a mi hija en casa y a mi nieto.
Pasó un año de eso, y ellos siguen viviendo conmigo. El problema para nada es que estén acá, el verdadero drama es que prácticamente yo mantengo toda la casa. Ellos se acostumbraron a tener todo servido ahí.
No me van a creer pero yo pago la luz, agua, comida, gas y hasta muchas veces los pañales de mi nieta.
Ellos siempre tienen una excusa: que no les alcanza, que no salen muchos trabajos, porque mi yerno lo que hizo fue empezar a trabajar por cuenta propia como mantenimiento de aires y otros electrodomésticos.
Siempre salen con que el próximo mes ya les va a sobrar, ya van a dar y así.
Yo me callaba muchas veces porque amo a mi nieta y no quería problemas.
Pero lo que pasó por su primer añito me dejó dolida y con mucha rabia. Resulta que de repente, sin decirme nada ellos tenían todo organizado el cumpleaños del bebé.
A mi no me contaron nada. Yo les venía diciendo para verle una torta, una meriendita y algo así simple como la situación no está tan bien.
En un salón
Pero ahí, faltando una semana ellos ya tenían salón de eventos, ya tenían sus invitaciones enviadas y demás, la última en enterarse fui yo.
Lo peor de todo es que me pechearon para que yo pague una torta carísima que pidieron en no sé qué local re chururú luego, y querían que ponga la ropita y el globo loco.
Por mi nieta les pagué el globo loco y la ropa, pero la torta ya no. Se enojaron encima de todo, nos peleamos, aunque aporté. Les dije muchas cosas, todo lo que tenía guardado. Me hicieron sentir la peor abuela del mundo.
Yo feliz de que mi nieto tenga su fiesta, pero el tema es que si vamos a ser realistas, no es coherente con lo que ellos me dicen.
Yo lo que quiero saber es de donde sacaron tanto dinero, porque con la fiestaza que le armaron habrán tirado mínimo un 10 millones por ahí ¿Qué me aconseja?
La respuesta:
María, tu enojo no es por la torta ni por la fiesta, sino por todo lo que venís aguantando hace más de un año. Cuando una ayuda no tiene límites claros, muchas veces se transforma en dependencia y la otra persona se acostumbra a que alguien más resuelva todo. Vos actuaste desde el amor de madre y abuela, pero terminaste cargando sola con muchas responsabilidades. Lo más sano ahora es hablar con calma y poner límites concretos sobre los gastos y la convivencia. Eso no te hace mala madre ni mala abuela; también es enseñar responsabilidad. Porque ayudar está bien, pero sostener indefinidamente a adultos que pueden solventarse no.