Me llamo Rosa, tengo 34 años y vivo en Luque. Nunca pensé que iba a estar escribiendo por algo así.
Mi marido, con quien estoy hace casi nueve años, me hizo pasar una vergüenza que hasta hoy me sigue dando rabia.
Todo empezó por culpa de su famoso “tercer tiempo”. Él trabaja de chofer y apenas puede ya empieza con sus amigos a malgastar la plata. “Voy a tomar dos latas nomás”, me decía.
Pero esas “dos latas” al final terminaban siendo miles, porque aparecía súper tarde, teléfono apagado y yo en casa con nuestros dos hijos esperando señales de vida.
El sábado ya veníamos discutiendo desde temprano porque no había plata para completar el pedido de mercadería que debía entregar.
Yo le reclamé porque otra vez faltaba dinero y él se enojó, diciendo que yo solo sabía plaguearme.
Igual se fue prometiendo que iba a volver temprano porque a la noche teníamos el cumpleaños de mi sobrina.
Pasaron las horas y nada. Le llamaba y no atendía. Tipo diez de la noche ya me calenté. Mi cuñada me escribió y me dijo: “Che Rosa, ¿no está tu marido contigo? Porque le vi en una bodega de acá con una señora rubia”.
Ahí ya me hirvió la sangre. Les dejé a mis hijos con mi mamá y me fui directo a la bodega. Y sí, ahí estaba, sentado como rey, cerveza en mano, riéndose con una señora con quien parecía tener mucha afinidad.
Yo entré nomás sin pensar. Cuando me vio, cambió todito su cara. ¿Y el cumpleaños? ¿Y la plata que no alcanza?, le pregunté frente a todos.
En principio me decía que tranqui nomás que no es para tanto, después ya me trató de tóxica frente a todos.
Rabia
Imaginate la rabia que me dio. La señora encima me miraba con cara de burla. Ahí mismo le dije que si quería hacerse del soltero, entonces que se quede nomás.
La gente de la bodega ya miraba el show. Un vecino intentó calmarnos, pero mi marido empezó a gritar diciendo que yo le controlaba demasiado.
Ahí fue peor, porque le saqué en cara que hacía meses yo sostenía la casa vendiendo ropas usadas y otras mercaderías, mientras él se gastaba plata en cerveza.
Al final terminé llorando de rabia en plena calle. Él volvió recién al día siguiente, queriendo actuar como si nada pasó. Me trajo chipa y cocido, como si eso arreglara semejante papelón ¿Qué piensa licenciado?
La respuesta:
Entiendo que estés sintiendo una rabia enorme y una profunda decepción por todo lo que te tocó pasar. Sostener tu hogar con tanto esfuerzo vendiendo ropa usada para que tu marido malgaste la plata en el “tercer tiempo” ya es una falta de respeto grave, pero que encima te haya expuesto a esa humillación pública y te haya tratado de tóxica es el colmo. Es comprensible que te haya hervido la sangre al verlo con otra persona en la bodega, desentendiéndose de sus hijos, de la mercadería y de los compromisos familiares tras mentirte repetidamente.Lo que hiciste fue poner un límite firme ante una situación insostenible que viene desgastándote hace meses. Evitá que sus gritos ni sus acusaciones te hagan dudar de tu reacción; reclamar responsabilidad económica y afectiva no es controlar de más, es exigir el mínimo respeto en una relación de pareja. Ahora que pusiste las cartas sobre la mesa y le dijiste que se quede soltero si eso busca, es un momento crucial para que pienses en tu tranquilidad y en el bienestar de tus dos hijos, priorizando a quienes sí valoran tu sacrificio diario.