Hola al diario EXTRA y a todo su equipo. Gracias por permitirme contar lo que me está pasando. Soy Gladis, siento que ya no doy más, tengo tanto estrés, tanta frustración.
A pesar de que me esfuerzo para salir adelante, parece que las trabas aparecen a propósito.
Hace once años que estoy casada con mi marido y seguimos sin poder alcanzar la tan soñada casa propia, y lo que más rabia me da es que mi esposo ni ahí está, él se conforma con alquiler, y soy yo la que anda desesperada por tener algo suyo.
Son once años de esfuerzo, de trabajo constante. Mi pareja en principio estaba entusiasmado con la idea, pero es como que se resignó o se dejó estar y ahora ni toca el tema, según él ‘todo llegará a su hora’, pero como va a llegar si no buscás.
Yo espero que él también se mueva mirando los préstamos, buscando opciones, pero ni ahí que hace eso, es como que espera que yo nomás solucione todo.Hoy miro a nuestro alrededor y veo que la mayoría de nuestros amigos ya tienen su casita.
Algunos más grandes, otros más chicos, pero ya tienen pues sus casas. Me alegra por ellos, de verdad, aunque no voy a negar que duele preguntarse por qué a nosotros no nos llega ese momento.
Los dos trabajamos mucho, tampoco fuimos irresponsables con la plata. Simplemente, en nuestro camino se nos presentaron muchas situaciones difíciles que tuvimos que cubrir: familiares enfermos, gastos inesperados, momentos en los que hubo que priorizar sobrevivir antes que proyectar.
Cuando por fin parecía que todo se alineaba y estábamos a punto de acceder a un préstamo bancario para comprar una casa, la vida volvió a golpearnos.
Golpe
A mi marido lo echaron de su trabajo. Fue un golpe durísimo. Él es quien tiene el salario más alto en casa, tanto así que con su sueldo alcanzábamos justo el mínimo que exige el banco para otorgar un crédito hipotecario.
Ese despido significó volver a empezar de cero. No solo en lo económico, sino también en lo emocional.
Hoy, él ya está trabajando nuevamente, pero el banco exige al menos dos años de antigüedad laboral para volver a considerar un préstamo.
Dos años que, para mí, se sienten como una eternidad. Tenemos un hijo de siete años y realmente sueño todo para él.
Me da rabia que mi marido está tan pancho y no se preocupa, y soy yo la que está quebrantada viendo si algún otro banco nos puede dar ya. ¿Qué pensás? ¿Por qué todos progresan menos nosotros, por qué mi marido es tan tranquilo?
La respuesta: