Me llamo Juan, aunque en el barrio ya casi nadie me dice así. Para muchos soy “el loro”, el que ligó por ir a jugar piki.
Y sí, no voy a mentir, me farrean todos los días por eso. Ahora lo tomo como joda, pero detrás de ese momento que pasó hace meses, hay una historia dolorosa y triste, de un hombre maltratado y manipulado por su esposa, porque no solo las mujeres sufren estas cosas.
Mi señora siempre fue controladora, pero al principio uno no se da cuenta. Al comienzo parece celo nomás, “porque te quiere”, dicen.
Después ya no era amor, era obsesión. No quería que yo salga, que me divierta, que juegue piki con los muchachos, que me quede un rato más en la esquina tomando tereré. Todo era problema. Todo era escándalo.
Yo aguantaba callado, por miedo, por costumbre, por nuestra hija. Cinco años así viví, midiendo cada paso, avisando cada movimiento, como si fuera un preso con libertad transitoria.
El miedo era real. Antes de salir ya pensaba qué iba a pasar cuando vuelva. Si perdíamos un partido, peor todavía, porque encima de todo venía la pelea. Pero lo último ya fue demasiado.
Apareció
Ese día lapa me fue a buscar al piki, con una escoba en la mano. Y no vino sola, vino con mi suegra.
Delante de todos me gritó, me empujó, me quiso pegar. Yo quedé helado, nunca había hecho eso, sí amenazó, pero ni le creí.
Los muchachos no sabían si reír o ayudarme. Ahí ligué mi apodo, y ahí también algo se rompió dentro de mí.
Esa noche decidí que ya no podía más. No aguanté. Le dejé. Me separé hace seis meses.
Al principio fue un infierno. No aceptó que yo la deje, se puso agresiva, amenazó, lloró, gritó. Después dijo que iba a tratarse, ya cuando pilló que no había caso.
Me fui de la casa donde estábamos juntos, pero siempre hablábamos por cuestión de nuestra hija de seis años, que vino conmigo a vivir. Ella nació cuando todavía éramos novios.
Yo mientras tanto empecé a vivir otra vez, con miedo todavía, pero más tranquilo.Ahora mi ex volvió. Dice que cambió, que aprendió, que quiere reconstruir nuestro matrimonio.
No niego, yo sigo enamorado, no voy a mentir. Pero el miedo sigue ahí, miedo de que todo vuelva a ser como antes. Miedo de volver a ser el “loro”, no porque me anden farreando todo el tiempo, sino por vivir sin libertad, sin poder hacer lo que me gusta.
Soy feliz haciendo libremente lo que me gusta, pero también extraño a lapa ¿qué pensás de esto?
La respuesta: