11 jul 2026

“Después de 20 años empecé a dedicarme a mí y a él no le gusta”

Antonia entregó todo su tiempo a sus hijos y a su esposo.

ChatGPT Image 8 jul 2026, 14_22_38.png

Ilustración

Soy Antonia. Tengo 40 años y me casé cuando apenas tenía 22.

Mi vida siempre giró alrededor de mi marido, de la casa y de nuestros tres hijos. Mientras mis amigas salían, estudiaban o se daban un gustito de vez en cuando, yo me quedaba limpiando, cocinando, planchando uniformes, ayudando con las tareas y esperando que él llegara del trabajo.

Nunca me quejé. Pensaba que eso era ser una buena esposa. Dejé de comprarme ropa porque primero estaban los gastos de la familia.

Dejé de ir a la peluquería porque ‘era un gasto innecesario’. Hasta dejé de mirarme al espejo. Pasaron casi quince años viviendo para todos, menos para mí.

Pero los hijos crecieron y ya no dependen tanto de mí. Hace unos meses me miré al espejo y no reconocí a la mujer que tenía enfrente.

Me veía cansada, apagada y triste. Ese día decidí hacer algo por mí. Empecé caminando en la plaza, después me anoté en un gimnasio económico, bajé algunos kilos, me corté el cabello, aprendí a maquillarme viendo videos y, por primera vez en años, me compré un vestido que me hacía sentir hermosa.

Yo no le estoy poniendo el cuerno a mi marido, no estoy haciendo nada malo. Solo quiero recuperar a la mujer que fui antes de olvidarme de mí misma.

El problema empezó cuando él se dio cuenta de mis cambios. Ahora todo le molesta. Si me arreglo para salir a hacer compras, pregunta para quién me produzco.

Si uso un perfume nuevo, dice que seguro tengo un admirador. Le molesta que vaya al gimnasio.

Hasta revisa cuánto tiempo tardo en volver. Antes ni bolilla me daba, pero ahora controla cada paso que doy.

Casadas

Dijo incluso que las mujeres cuando están casadas no tienen por qué irse tan arregladas y llamar la atención en otra parte.

Según él, ya soy una señora y debería comportarme como tal. Incluso me reclamó que gasto plata en ropa cuando durante años jamás me compré casi nada porque siempre prioricé la casa.

Siento una mezcla de rabia y tristeza. Cuando me descuidaba, tampoco estaba conforme. Nunca me decía un piropo ni me invitaba a salir. Ahora que empecé a quererme un poco más, resulta que hasta eso le molesta.

Mis hijos me dicen que me ven más feliz que antes y hasta mis amigas notan que recuperé la sonrisa. ¿Estoy siendo egoísta por pensar un poco en mí después de tantos años?

La respuesta

Hola, Antonia. Por lo que entiendo, pensás que sos egoísta, pero de egoísmo no hay nada. Lo que estás haciendo es empezar a pensar en vos misma, dejar de darle prioridad a todos menos a vos, mimarte y quererte un poco más. Los hijos crecen y, tarde o temprano, hacen su vida. Al final, quien queda a tu lado es la pareja. Por eso te animo a seguir adelante, porque la vida es una sola. Si hoy te sentís más feliz, ¿por qué no disfrutarlo? No estás haciendo nada malo ni tampoco estás lastimando a nadie. Al contrario, una persona que se siente bien consigo misma también puede brindar una mejor versión de sí a los demás. Ojalá que tu marido empiece a cambiar su forma de pensar y pueda entender que cuidarte, arreglarte y dedicarte tiempo no significa que lo quieras menos. Lo realmente importante es que ambos sean felices y puedan vivir en armonía, respetándose y acompañándose mutuamente.

Psicóloga Clínica