Me llamo Abigail. Estoy mal, triste de verdad, porque ese hombre que supuestamente es el que me tiene que hacer tan feliz, destruyó mi vida, y sigue destruyendo.
Mi novio no va a dejar de ser infiel nunca, por más que me prometa con la mano en el pecho, por más que jure por su mamá, por más que me llore diciendo que ahora sí va a cambiar.
Ya tengo muchísimas pruebas para decir que él es un flor de donjuán que no puede ser fiel.
Yo quería creerle, porque cuando te mira y te habla suave, te mira a los ojos directamente, y te enamora con solo mirarte.
Sabe exactamente lo que te va a decir, cómo te va a seducir otra vez, y ahí termina con besos, caricias y en la cama. Se acabó el enojo, rendida de nuevo diciendo que es solo una oportunidad más.
Le pillé con medio mundo. No es exageración. Le encontré mensajes, audios, fotos, tendría que ser ciega para no querer ver. Una vez le vi salir del motel con una tipa que decía ser “solo una amiga”.
Con su prima
Otra vez, en una fiesta familiar, me cayó la ficha de lo peor: con su propia prima. Ahí sentí que algo dentro de mí se rompió. Me temblaban las manos, la cara me ardía de vergüenza y rabia. Juré que esa era la última. Pero no fue.
Nos dejamos tantas veces que ya perdí la cuenta. Yo agarraba mis cosas, lloraba dos días, una semana, prometía que no iba a volver nunca más.
Y ahí aparecía él, con flores caras, con palabras lindas, con esa sonrisa de bandido arrepentido. Me decía que yo era la única, que estaba loco por mí, que sin mí no podía. Yo volvía una y otra vez. Estoy demasiado enamorada y eso me deja débil, inútil ante él.
Locas
Las infidelidades eran cada vez más locas. Le pillé escribiéndole a una ex a las tres de la mañana. Le descubrí un perfil falso solo para hacer sus macanadas.
Y lo peor fue cuando me enteré de que le tiró onda a la vecina, una señora que me saludaba todos los días con cara de santa. Ahí ya no sabía si reír o llorar.
Hoy ya no me engaño una vez más. No le estoy hablando, no le atiendo el teléfono y no le quiero ver. Pero, no me animo a estar cara a cara frente a él simplemente porque sé que voy a caer, no puedo, él me derrite todo, no puedo simplemente dejarle incluso teniendo la evidencia en mi cara.
No sé si alguna vez él pueda cambiar realmente, solo sé que me lastima por dentro, me deja seca, y mi autoestima está por el piso ¿Qué piensa? ¿Por qué soy así? ¿Será realmente que él puede llegar a cambiar con algún tratamiento?
La respuesta
Hola Abigail. Gracias por compartir tu historia con nosotros. Realmente es un hombre que no cambia porque no quiere. Ser fiel es una decisión personal, es elegir cuidar lo que uno tiene. Mantener una relación de ese tipo, a la larga, lo único que te va a producir es que o te acostumbres a eso o vivas con desconfianza constante hacia sus palabras y acciones. Y eso, sinceramente, no es vivir. Vivir es estar en paz y ser feliz a través de la confianza que la otra persona te ofrece, y que sea mutua, para así poder llevar una relación sana, llevadera y con proyección a futuro, si eso es lo que ambos desean.