Hola licenciada, soy Julia, y lo que te voy a contar ahora es medio extraño, porque ni yo me entiendo.
Mi marido fue camionero durante muchos años. Nuestra vida siempre fue así: él se iba una semana, a veces quince días, y después volvía a casa.
A veces ya no podíamos de tanto que le extrañábamos con nuestro hijo de 5 años, peor cuando coincidía con fechas importantes como la Navidad o Año Nuevo.
Yo me quedaba con la familia, mirando el teléfono cada rato para ver si llamaba, triste pasaba de verdad.
No fue una vida fácil, pero nos acostumbramos.
Cuando volvía, todo era lindo. Nos faltaba todo días para poder hablar, compartíamos tiempo, salíamos a comer algo o simplemente disfrutábamos de estar juntos con nuestro hijo.
Creo que esa distancia también hacía que nos valoremos más.
Con los años él empezó a cansarse de esa vida, y obvio yo también. Él decía que estaba harto de manejar tantos kilómetros, de dormir mal y de perderse momentos de la familia.
Negocio
Entonces empezamos a soñar con tener algo propio. Ahorramos lo que pudimos durante mucho tiempo y finalmente logramos montar un pequeño negocio: hacemos fletes y también alquilamos “globo loco”, cama elástica y hasta llevamos pororó en los cumpleaños y eventos.
Hace seis meses él dejó definitivamente de ser camionero.
Al principio yo estaba feliz. Pensaba que por fin íbamos a poder compartir más tiempo, desayunar juntos, tener una rutina normal como cualquier familia.
Sentía que habíamos logrado lo que tanto soñamos. Pero eso fue al principio nomás. Ahora estamos juntos todo el día. Él está en la casa, en el negocio, en todos lados.
Y empezaron las discusiones por cualquier cosa. Si yo hago algo de una manera, él dice que debería ser de otra.
Si llega un cliente, discutimos sobre que le antedí mal o que ese no era el trato, que le bajé el precio.
Cosas estúpidas que antes no pasaban para nada.
En ese tiempo lo extrañaba. Ahora a veces necesito que salga un rato porque me siento sofocada, literal a veces no le soporto, no le aguanto. Y me siento culpable por pensar así.
Le suelo ver también inquieto, como si no estuviera cómodo, así como yo. No quiero que esto termine afectando nuestra relación. No quiero que se vaya tampoco a manejar de vuelta ¿pero cómo hago esto más llevadero?
La respuesta: