23 abr. 2026

“Cinco veces le perdoné que me fuera infiel, pero esta vez ya no”

Yanina creía que él podría cambiar, pero nada salió como esperaba.

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Ilustración

Soy Yanina, y escribo acá con el corazón hecho pedazos. Siento que estoy tan lastimada, que ni si quiera puedo llorar más, no hay espacio para más dolor.

Soy una mujer enamorada, que dio todo, de esas que siempre pensó que el amor todo lo puede. De esas que agachan la cabeza, respiran hondo y dicen “va a cambiar”. Cinco veces le creí. Cinco veces le perdoné.

La primera vez lloré en silencio. Me culpé, pensé que tal vez yo no estaba siendo suficiente, quise buscarle la vuelta a todo lo que pasó.

Él me juró por su mamá, por Dios, por todo, que fue un error. Le creí, tontamente caí en sus redes. Pensé que el miedo a perderme iba a hacer que él diga basta.

La segunda fue como que mi subconsciente me decía “te dije luego”. Ya no era sorpresa, era una punzada constante. Pero hice pasar de vuelta, que debía sostener la casa, por mis hijos, por la familia, por el “qué dirán”.

Otra vez pidió perdón, otra vez prometió cambiar. Y otra vez me quedé, pensando que tal vez, porque le dije que sería la última vez que lo perdonaba, cambiaría.

Primero fue con la vecina, la segunda con una compañera de trabajo. La tercera una chica que conoció en redes sociales.

Todo “cosas sin importancia”, según él. Desde la tercera ya sabía yo que no era cosa de momento, que él ya no iba a cambiar, pero no podía soltarle.

Dejé de dormir bien, y me acostumbré al dolor. No quise salir de ahí, no quise quedarme sola. La cuarta ya fue vergüenza. Vergüenza conmigo misma. Yo sabiendo todo y aún así defendiendo lo indefendible. Él ya ni se esforzaba tanto en ocultar.

Ojos hinchados

Pero la quinta, esa fue cuando me juré a mí misma que era la última vez que me veía la cara de estúpida. Me miré al espejo con los ojos hinchados y me dije “hasta acá”.

Una vez más no me fui. Otra vez ganó el miedo, la costumbre, los años juntos.

Ahora le volví a pillar, una vez más. Después de diez años de relación, pillé seis infidelidades, pero me supongo que fueron muchas más veces y con más personas.

Pero esta última fue un puñal al corazón, el más profundo. Y fue por un motivo: le pillé haciendo un trío, y una de las involucradas era mi mejor amiga.

Agarré mis cosas, no le dije nada, me retiré con mi hija de su casa, porque esa casa le dieron sus padres. Vine a lo de mamá a comenzar de vuelta. Él me busca como loco, pero yo ya no puedo ¿Por qué pude aguantar tanto? ¿Cómo hago para seguir sin él?

La respuesta:

Yanina, lo que sostuviste no fue amor ingenuo, sino un patrón de apego y refuerzo intermitente que mantiene la esperanza pese al daño. Las múltiples infidelidades configuran una dinámica de traición repetida y desgaste emocional. El quiebre actual es coherente: tu sistema ya no tolera más incongruencia. Que te hayas ido indica inicio de límite saludable, no debilidad previa. Para seguir: Deberías sostener la distancia, validar el duelo sin idealizar y reconstruir autoestima (no sos “insuficiente”). Tendrás miedo al principio probablemente. Apoyate en personas que te quieren como familiares y amigos. Estás saliendo de un vínculo dañino.

Psicólogo clínico y sexólogo. Cel.: (0971) 822 670