09 mar. 2026

“Le rompí 12 botellas de whisky a mi marido, una por cada ofensa”

Pensó que la relación con Miguel sería su salvación, pero resultó una tortura.

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Ilustración

Me junté muy joven con mi pareja, yo tenía solo 18 añitos. Ahora tengo 35 años.

Miguel (tiene 45) me sacó de mi casa cuando yo sentía que era un infierno, mi mamá me maltrataba mucho psicológicamente. Ella era muy a la antigua, me tuvo luego ya muy mayor, y me tenía de empleada, además no quería que salga a ningún lado, ni conozca hombres.

Cuando conocí a Miguel, sentí que era mi salvación. Creí que las cosas cambiarían, que sería libre, y pensé que él me comprendería en todo.

Pero no fue así. Al principio era todo amor, me complacía en los gustos, me daba todo lo que le pedía. Luego empezó a mostrar su lado agresivo. Nunca me pegó, pero siempre me decía cosas que me lastimaban y me denigraban como mujer.

“Tu trabajo es quedarte en la casa”, “vos tenés que encargarte de la casa nomás”, “no me serviste todavía la comida, sos inútil”, y un sinfín de ofensas que hasta ahora no sé cómo aguanté.

Mucho tiempo aguanté, digo que por ingenua, pensaba que yo tenía la culpa, que estaba haciendo mal las cosas, y realmente yo solo era una víctima.

Nunca pude dejarle, pero su manera agresiva de reaccionar conmigo empezaron a sacar lo peor de mí.

Llegó un tiempo en el que no aguantaba más, y cuando amenazaba con pegarme (que nunca lo hizo), yo me ponía en frente y le decía ‘y por qué no hacés’. Ahí creo que él se sorprendía, se acobardaba y se iba del lugar.

Ahora la situación escaló más. Yo ya no aguanto ni un solo insulto más y le hago saber con acciones.

Harta

Hace 8 días, me empezó a decir ofensas, en mi contra y de mi familia, solo porque cuando me reclamó muy mal la comida yo le dije que no soy su sirvienta, que si quiere puede servirse él mismo.

Entonces, cuando él comenzó a ser hiriente y a decirme groserías, fui a la bodega de la casa y le pedía que repitiera lo que dijo. Él continuaba y entonces ahí reaccioné.

Por una ofensa, yo le tiraba una botella de whiski, y él no paró, él seguía, hasta que luego se dio cuenta de que no iba a detenerme y se tranquilizo ‘bueno bueno bueno bueno’, me dijo.

Así terminé rompiéndole 12 botellas de whisky. Nunca llegué a ese punto. Ahora no sé qué hacer, él es mi sostén económico no niego, y por eso no sé cómo dejarle ¿Qué pensás, licenciado?

La respuesta

Buen día, mi estimada lectora. Algo muy interesante que citás en tu relato es “realmente yo solo era una víctima”, creo que allí comienza el despertar de lo que viviste con tu madre y lo que estás viviendo con tu esposo. No es tarde para generar un cambio, pero uno para vos, en donde deberías analizar, primeramente, qué te impide valerte por vos misma y no depender de los demás (madre/esposo). Por otro lado, tener en cuenta, no llegar a lo que llegaron ellos, la violencia verbal o física, ya que así estarías cayendo en el juego de los mismos y no se generaría un cambio en la dinámica de relación. Antes que esto se complique más, determinar qué querés para tu vida ya que no tienen hijos que les una o dependan de ustedes. Si considerás que puede haber un cambio de actitud por parte de él y le tenés el suficiente afecto aún. Deberías tener una conversación seria, tranquila pero segura de parte tuya de cómo te sentís y de lo que no querés más en tu vida. De igual manera, barajar la posibilidad de buscar ayuda con familiares o amigos para que te den una mano en independizarte y madurar como persona.

Psicólogo Clínico, especialista en jóvenes y adultos. (0981) 571 635