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Hasta hoy perdura la oración que Chiqui enseñaba a los niños

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Altar

Ña Lidia tiene en su sala un altar con la foto de Chiquitunga y demás santos. Alega que siempre creyó en que llegaría a ser beata, pero ansia verla como santa.


Aunque pasaron más de 70 años, doña Lidia Resquín (86), exalumna de catecismo de Chiquitunga, nunca olvidó las enseñanzas que la ahora beata le daba en la catedral de Villarrica. “Le recuerdo con su guardapolvo blanco y sus trenzas y con mucha paciencia a cada uno nos mostraba cómo debíamos santiguarnos”, recordó la doña que en esa época tenía 8 años.

En entrevista con EXTRA, Lidia recitó la oración que María Felicia oraba cuando iban junto al santísimo. “Dios mio haz que yo te ame y que el único premio de mi amor, sea amarte siempre más. Esto nos hacía repetir en la catequesis y hasta ahora me acuerdo y rezo. También enseñé a mis hijas”, refirió.

Otro lindo recuerdo que guarda en su memoria ña Lidia es que Chiquitunga le ayudó a hacer su primer bosquejo cuando ella estudiaba para ser docente. “Yo no sabía cómo hacer y ella sin problemas me ayudó”, contó.

Cuando en 1997 comenzaban los trabajos para su beatificación, ña Lidia contó que Chiquitunga le curó al hijo de una vecina suya. “Cuando venía en casa, la pobre criatura no dejaba de toser, era desesperante; entonces, me encomendé a ella y le di a su mamá la estampa con la oración de nuestra Chiqui y luego de unas semanas se curó”, aseguró la exalumna de la beata.

Su deseo es poder ver a María Felicia siendo santificada, antes de que Dios decida llamarla. Para ser santa debe haber otro milagro de Chiquitunga luego de ser declarada beata.

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Regaló su abrigo nuevo

Doña Isabel Garcete (92) fue la que invitó a Chiquitunga para que integrara la Acción Católica y fuera catequista. Recuerda que una vez en la escuela una nena tenía mucho frío y ella se sacó el abrigo que le acababa de regalar su padre y le dio a la niña. “A ella no le importó pasar frío para que otra persona esté bien”, recordó muy lúcida ña Isa, como la conocen. Aún tiene guardado el libro que le regaló María Felicia, que tiene la firma original de la ahora beata.

 

Cantaban en familia

El doctor Guillermo Fariña, quien fue vecino de María Felicia, recuerda que siempre, luego del almuerzo, la casa de Chiquitunga se convertía en una orquesta. “Al pasar siempre escuchaba cómo cantaban todos, siempre fueron una familia muy unida y la mamá de ella tenía una hermosa voz. Lo simpático es que usaban los cubiertos como instrumentos musicales”, contó el jubilado galeno que era muy amigo del hermano de la ahora beata.