Hace poco más de un año, Kristin Cabot era una mujer anónima de Estados Unidos. Sin embargo, su vida dio un vuelco de la noche a la mañana.
El 9 de julio, el CEO de Astronomer, Andy Byron, y ella, que en esos momentos era subresponsable de Recursos Humanos, fueron pillados muy acaramelados por la cámara móvil de un concierto de Coldplay en el Estadio Gillette Stadium de Foxborough (Masachusets) y, al verse enfocados, se escondieron avergonzados.
Ahora, poco antes de cumplirse un año del Coldplaygate, Cabot alzó la voz para denunciar su situación personal, ya que, en lo que más le ha afectado este tema ha sido en el terreno profesional.
Sigue sin encontrar empleo desde que renunció a su puesto y aunque actualmente está en proceso de selección de dos puestos de alto nivel, pero que nada tienen que ver con su antiguo puesto de directora de recursos humanos en Astronomer.
El escándalo se viralizó al decir que estaban siendo infieles, aunque parece que no todo fue como se contó.
Contó su versión
La primera vez que habló fue nueve meses después de la famosa “kisscam” (cámara de besos), la coprotagonista del escándalo dio su versión de lo ocurrido y aseguró que ella se estaba divorciando de su marido y pensaba que su jefe, Andy Byron, con el que salía en el vídeo, también.
“Unas seis semanas antes del concierto de Coldplay, mi marido y yo decidimos separarnos. Vivíamos separados y estábamos preparando el divorcio”, afirmó en el pódcast de Oprah Winfrey. “Andy Byron, mi jefe en ese momento, y yo tuvimos una relación laboral muy cercana”.
Según relató la empresaria, al tratarse de una empresa pequeña, eran pocos y pasaban mucho tiempo juntos trabajando codo con codo hasta que las conversaciones sobre la compañía pasaron a lo personal. El resto es historia.
Recibió amenazas de muerte
Kristin Cabot contó que todo fue un infierno desde entonces y que está viviendo de los ahorros, “agotando el dinero para la universidad y la jubilación” para poder mantenerse tanto a ella como a sus hijos. Además, relató, que si bien han cesado las amenazas hacia su persona, que tuvo que soportar, “las amenazas de muerte han parado, aunque no hace mucho”.