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El conejo de Jade, en Paraguay

Así como el conejo, las señoras estaban dispuestas a ceder sus vacunas a sus hijos u otros jóvenes, puesto que "el futuro" está en cada uno de ellos.

Lula Cano Por Lula Cano

Días atrás visité un barrio que se encuentra azotado por muertes a causa del COVID-19 y pude notar dos extremos de la realidad: la forma en que los jóvenes y los adultos mayores sienten la pandemia.

Una familia lloraba una gran pérdida y, del otro lado de la calle, un grupo de jóvenes se reunía sin respetar los protocolos sanitarios ni el dolor de sus vecinos.

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Sin saberlo, mi trabajo me llevó a remover las heridas de una viuda, justo el día en que se cumplió un mes de la muerte de su querido esposo. Otra vecina, de avanzada edad, expresó cómo es vivir rodeada por la sombra de la muerte. Lo sorprendente de la conversación con estas mujeres es que ambas, conscientes de sus desventajas, están dispuestas a ser “El Conejo de Jade”, de la antigua leyenda oriental.

La historia dice que el emperador se disfrazó de un mendigo y pidió comida a un mono, una nutria y un conejo. Todos fueron en busca de alimentos. El mono regresó con un montón de frutas, la nutria capturó un gran pez y el conejo solo llevó un poco de pasto. Sabiendo que no era suficiente, el conejo, sorpresivamente, saltó al fogón que calentaba las manos del mendigo. Él decidió sacrificar su vida, por el bienestar de otro. Así como el conejo, las señoras estaban dispuestas a ceder sus vacunas a sus hijos u otros jóvenes, puesto que “el futuro” está en cada uno de ellos. Sin tanta corrupción, ninguna estaría pensando en dar sus vidas por salvar a otros. ¡Cómo duele la injusticia en nuestro Paraguay!

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