21 may. 2024

Karai valé adaptó tractor para seguir trabajando

Un borracho manipulaba un arma y le disparó en el pecho. Desde entonces, don Gregorio perdió la movilidad en las piernas.

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La vida de don Gregorio Recalde (55) cambió en un segundo, al recibir un balazo en el tórax que le dejó con parálisis de la cintura para abajo.

El autor del disparo fue un hombre que, estando borracho, comenzó a manipular un arma de fuego que se disparó e hirió al agricultor. “Me enteré que muchos de mis conocidos decían ‘kóa, oikopama hese’ (este ya está acabado), pero no tiré la toalla y decidí que tenía que recuperarme y seguir luchando por mi familia”, dijo don Gregorio a EXTRA. Recordó que era el año 2005, y en ese tiempo tenía un almacén, cultivaba la tierra y su hija tenía apenas 2 meses de vida.

“Estaba muy bien con mi familia en mi casa de la compañía Camilo Kue, en Yhú, en Caaguazú, roprogresa (progresamos) de a poco y con sacrificio”, rememoró.

El día que fue herido, estaba en un taller de moto y en frente se encontraba el borracho con su arma. “La bala me hirió y al caerme ya no sentí mis piernas, nada de mi cintura para abajo, todo se quedó como si no tuviera esa parte”, relató.

Señaló que fueron tiempos muy difíciles y expresó que no se puede explicar lo que se siente al quedarse así, sin poder moverse. “Muchas cosas feas pasan por tu cabeza”, dijo don Gregorio.

“Estuve en Asunción, dos años en el INPRO (ahora Senadis) y comprendí que tenía que salir adelante. Allí vi personas que estaban peor que yo, que no podían moverse, que comían con pajitas, pero igual eran felices”, agregó.

Cumplió su sueño

Gregorio y su hija.jpeg

Gregorio tenía a su hijita (hoy ya de 19 años) y a su señora, por quienes decidió que debía luchar. Entonces, volvió a su valle y mandó a hacer una moto con tres ruedas, para volver a trabajar en el almacén.

Después, compró un auto que adaptó para manejar. “Me puse como meta juntar plata para comprar un tractor, ya que con los machetes y arados no podía cultivar las 20 hectáreas que tengo”, dijo.

No se rindió y compró el tractor, que adaptó a sus necesidades. Cambió el embrague y en su lugar puso una palanca para usar con la mano. Ahora cultiva sus tierras y las de los vecinos.

“Hago de todo y a muchos les sorprende que puedo subirme a mi tractor”, aseguró. Aconsejó no perder la fe ante los problemas aunque la situación sea la peor y parezca que no hay salida.

Don Gregorio, subiendo a su tractor.