Entre esperanza, dolor y alegría, los pobladores de Guarambaré celebraron ayer el día de su santo patrono, San Miguel Arcángel. Coloridos banderines y globos adornaron el camino por donde pasó la pequeña imagen que fue cargada por sus fieles, desde la iglesia hasta la capilla.
Las madres guarambareñas son humildes pero sumamente creyentes. Ahorran su dinero para comprar a sus hijos el traje militar y enviarlos impecables al tradicional desfile que custodia a los promeseros del “soldado de Dios”.
“Compré la ropita a mi hijo para que participe por primera vez de la procesión. Él es enfermito, convulsiona. Lo llevé junto a demasiados médicos pero no se cura, estoy confiada en que el arcángel lo protegerá”, dijo Beatriz González.
Por otro lado, Alicia Ferreira indicó que no tuvo la plata para comprar el traje a su pequeño, pero llevó velas para encenderlas frente al altar. “Mi bebé estaba muy enfermo. Ayer mi vecina llevó a casa un santito y le encendió una vela. Milagrosamente amaneció demasiado bien. Mi promesa es confeccionarle el traje para el próximo año”, dijo.
Pagando promesas
Como parte del tradicional rito religioso, los pequeños “soldados” realizaron un cordón frente a la capilla. Las señoras levantaban sus velas encendidas y daban paso a los promeseros que llegaban arrodillados, con los rostros rojos, sudados. El silencio se convirtió en murmullos de súplicas y oraciones, pronto en gritos de dolor y llanto.
“Me caí a un arroyo, me golpeé la nuca y la cabeza. Hace un mes me desperté de un coma. Vengo a agradecer el estar vivo”, dijo Francisco López, quien se encuentra en silla de ruedas. Las expresiones de dolor desaparecieron con las primeras campanadas que anunciaban la llegada de la imagen del santo patrono.
Retumbaron los aplausos y en las manos de los devotos se agitaban los pañuelos blancos.