Desde pequeño, Andrés Almirón sabía que deseaba alcanzar algo grande en su vida y que no quería quedarse en el molde en el que lo habían colocado. Empezó a trabajar en su adolescencia como empaquetador en un supermercado, donde ganaba lo suficiente para comenzar a ahorrar y proyectarse.
Actualmente, es propietario de un salón de belleza y tienda de cosméticos. Además, trabaja como asesor de marketing en el supermercado donde comenzó su camino laboral.
“Me mueve el querer superarme a mí mismo, no solamente tener más en mi cuenta bancaria, sino tener una superación personal día a día”, mencionó Andrés.
Con su historia, Andrés Almirón desea dejar un mensaje a los jóvenes paraguayos: “Que todo depende de nosotros mismos, de la garra, de la capacidad que tenemos de utilizar la inteligencia en favor de nuestras metas”.
Almirón cree que con un porcentaje de motivación y transpiración todo es posible.