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Clínicas tras los guardapolvos: "Hace dos meses no veo a mi hijo"

Limpiadores, lavanderos, costureras y hasta mozos: los protagonistas del día a día en el hospital.

La vida de María Luisa Duarte cambió por completo. Su rostro apacible, solo podía trasmitir ternura; pese a que, aquellos abrazos que la esperaban en casa al llegar del trabajo todos los días, ya no están desde hace dos meses.

La joven, encargada del área de limpieza del hospital de Clínicas de San Lorenzo, tomó una de las decisiones más difíciles de su vida y la soporta hoy, en compañía de sus gatos. Luego de doce años, este fue el primero que pasó lejos de su hijo. Lo envió a vivir en casa de sus padres, pues lo delicado de su trabajo la obligó a tomar la extrema medida, para no ponerlo en riesgo.

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María Luisa Duarte, encargada del área de limpieza.

María Luisa Duarte, encargada del área de limpieza.

“Hace dos meses que no le veo a mi hijo ni a mis padres. Tuve la tentación de irme el 15 de mayo, pero aguanté. Pensé en ellos”, dijo con una lágrima que humedeció sus pupilas, pero no se animó a escurrir en su mejilla.

Relató que desde el inicio de la pandemia en nuestro país, ella y sus compañeros cuadruplicaron su trabajo. En vez de limpiar tres veces al día cada rincón del nosocomio, lo hacen doce veces, pues “nunca sabemos quién está infectado y todo lo que tocan; paredes, sillas, barandas, y otros, puede ser foco de contagio”, expresó.

Al igual que María existe un mundo de personas tras las bambalinas de las batas de doctores y enfermeros que hasta hoy han sido protagonistas principales del escenario que ha dejado el coronavirus en los hospitales. Entre ellos, carpinteros, electricistas, empleados de mantenimiento en general, lavanderos y costureras, cocineros, mozos, guardias, nutricionistas y hasta trabajadores de prensa.

“Abrázame, no me importa. Voy a morir contigo”

Olga Godoy, moza del hospital, coincidió en que el miedo es una barrera que vencer cada nuevo amanecer, al dejar el hogar para ir al trabajo. “Los primeros tiempos tuvimos miedo, seguimos teniendo pero nos estamos acostumbrando. Salís de tu casa con eso y venís a trabajar en nombre de Dios y la Virgencita”, refirió.

Con 46 años, es madre de una joven de 22 primaveras, que hace algún tiempo, por cuestiones también laborales vive en casa de su abuela (mamá de su mamá). Antes del coronavirus, día de por medio su hija la visitaba y ahora, el distanciamiento con ambas es el cambio que más la golpea, comentó.

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Olga Godoy, moza del hospital.

Olga Godoy, moza del hospital.

“Mi mamá es diabética y tiene la presión alta. Ella entró en depresión y tuvimos que ir en el día de la madre con mi hermana que también trabaja acá. No quiere entender. Ella tiene 78 años pero no dimensiona realmente la situación. Sí o sí quiere el abrazo y me dice: 'Abrázame, no me importa. Si mi hija está contagiada yo también me quiero contagiar para morir con ella' así nos dice”, mencionó.

Sobre la alimentación de las personas con COVID-19 o sospechosas de la enfermedad, la Lic Raquel Franco mencionó que todos los elementos utilizados son descartables, a fin de evitar al máximo el contacto entre mozos, enfermeros y enfermos.

Mencionó que actualmente existen más de veinte casos sospechosos en el hospital y, debido a ciertos síntomas como el temblor de manos y la tos, la dieta se adecua y mayormente, reciben una “alimentación blanda”, explicó.

“Nos enfrentamos a todo”

Derlis Torres es enfermero. Él se inició como guardia de seguridad en el hospital de Clínicas y al poco tiempo le nació la vocación de servir, así empezó en la misma facultad sus clases hasta recibirse. Hoy día atiende en la Urgencia del IPS Central y en Clínicas, desde hace un año se convirtió en jefe de seguridad.

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Derlis Torres enfermero y jefe de seguridad.
Derlis Torres enfermero y jefe de seguridad.

“Nos enfrentamos a todo, acá y en IPS”, refirió. Contó que en su trabajo es súper versátil e incluso en muchas ocasiones tuvo que actuar rápido para defender incluso a sus propias compañeras, víctimas de violencia intrafamiliar.

Contó que durante la pandemia se enfrentó a todo tipo de situaciones, desde vendedores ambulantes que insisten en ingresar al predio hasta conocidos amigos de lo ajeno, a quienes tuvo que vetar del sitio.

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El área de lavandería del lugar.
El área de lavandería del lugar.

En el área de costura y lavandería, más de veinte personas tienen la dura labor de desinfectar todas las ropas hospitalarias, desde batas y chombas, hasta sábanas, fundas y todo aquellos que usan hasta los enfermos de COVID-19. Para ello, el Lic. Juan Silva comentó que existe un proceso de siete pasos estrictos para que puedan ser utilizados nuevamente.

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