“Ha’upei lo mitã, después dicen que ganamos de balde la plata”, soltó entre risas el propietario de una empresa de artículos para el hogar.
En las imágenes se ve a Jorge, uno de los empleados, que había terminado de construir un tatakua. Todo venía bien, pipi cucú, hasta que llegó el momento de salir. Ahí se dio cuenta de que los cálculos no habían salido tan perfectos. Quedó literalmente trabado entre la pared y la estructura del horno.
En la descripción del video, los mismos compañeros le pusieron onda con humor: “La tóxica: ¿Por qué no me contestás? Yo: “Saliendo todo un Saiyajin en el jale”, en referencia a la forma en la que el trabajador intentaba liberarse, como si fuera una transformación de pelea.
El horno, según explicaron, es un napolitano de doble cámara, pensado especialmente para pizza, pero en ese momento casi termina “cocinando” al propio constructor, que hacía malabares para poder salir del apuro.
Primero Jorge metió fuerza, levantó los brazos, probó de todo. Después se agachó, intentó salir por abajo y, en un momento, hasta se estiró como pudo, tipo hombre goma, buscando la forma de zafar del encierro.
Desde el lado de sus compañeros no faltaron las bromas. Su jefe incluso le tiró en tono de chiste que con esos movimientos ya podía trabajar en el circo.
Al final, después de varios intentos y bastante lucha, Jorge logró salir como pudo, gateando, medio desarmado, como bebé’i.