El papelito con un nombre puede traer alegría… o un tremendo disgusto. En varios grupos de trabajo y de amigos, el famoso “Amigo invisible” empezó a generar más de un drama antes de la entrega de regalos.
Mientras algunos ya piensan qué comprar, otros miran el nombre que les salió y ponen cara de pocos amigos. La razón: no todos tienen la misma relación con la persona que les tocó y algunos sienten que quedaron “atrapados” en un compromiso.
“Cuando abrí el papel y vi quién me salió casi pido cambiar. Es una compañera con la que no tengo buena onda, hablamos lo justo y necesario. Ahora tengo que comprarle un regalo como si fuéramos íntimas”, contó entre risas Carolina B., de Luque.
En otros casos, el problema no es la falta de trato, sino las diferencias que existen dentro del grupo. Algunos aseguran que les cuesta regalarle algo a personas con las que tuvieron discusiones o que consideran poco sinceras.
“Me salió alguien que para mí es medio hipócrita. Delante de todos es súper amable, pero después escuché comentarios que no me gustaron. Igual voy a cumplir, pero no es lo mismo regalar con ganas”, dijo Miguela R., de San Lorenzo.
Y uno de los nombres que más preocupación causa en las oficinas es el del jefe. Para algunos empleados, que el patrón aparezca en el papelito significa automáticamente un gasto mayor.
“Me tocó mi jefe y ahora siento que tengo que comprar algo más caro. Si le llevo cualquier cosa capaz queda mal, aunque él nunca pidió nada especial”, comentó Diego F., de Asunción.
También están los que directamente admiten que participan sin muchas ganas. “En mi trabajo todos juegan y si decís que no, quedás como el antipático. Así que participo nomás, aunque a veces ni conozco mucho a la persona que me toca”, señaló Rocío M., de Capiatá.
El juego, que suele hacerse en oficinas, colegios y grupos de amigos como parte de los festejos por la amistad, busca generar un momento divertido, pero cada año aparecen las historias de quienes terminan más preocupados por el regalo que por la celebración.