“Si no es para vos, dejalo ir”, es el consejo que siempre aparece cuando una relación termina en opa rei. Suena lindo y hasta parece fácil, pero al que le dejaron con el corazón hecho bolsa le entra por un oído y le sale por el otro. Ahí empieza el famoso mal de amores. El celular se vuelve el mejor enemigo; uno mira cada rato si el ex está en línea, entra a sus redes “solo un ratito” y termina una hora después viendo hasta la foto que subió hace 3 años. Encima, cualquier canción parece una indirecta y ni el tereré alcanza para sacar de la cabeza a esa persona.
Hay quienes juran que ya superaron todo, pero apenas vibra el teléfono, salen disparados pensando que por fin llegó el mensaje. Otros les preguntan a los amigos si saben algo del ex, pasan por los lugares donde solían encontrarse “por casualidad” o inventan cualquier excusa para volver a escribir. Y cuando reciben el famoso “visto” o directamente ni eso, el bajón se hace todavía más grande. No importa si fue un noviazgo de años o un “casi algo” que no llegó a ningún lado; el mal de amores le puede tocar a cualquiera.
Aunque parezca una ocurrencia nomás, el mal de amores también tiene su fecha en el calendario. Cada 29 de julio se recuerda el Día Internacional del Mal de Amores, una celebración que nació en México gracias a publicaciones que empezaron a correr por las redes sociales. La idea prendió rapidísimo entre los internautas y, sin necesidad de que alguna institución la declarara oficialmente, terminó cruzando fronteras. Hoy, cada vez que llega esta fecha, otra vez aparecen los memes de los rechazados, las indirectas para el ex, las anécdotas de la peor desilusión amorosa y hasta los que dicen, entre risas, que otra vez les toca pasar el día “en modo despechado”.
Porque seamos sinceros, casi todos alguna vez sufrieron por amor, hasta este humilde periodista. Está el que apostó todo por una persona y al final descubrió que tenía otra pareja, el que se enteró por Facebook que ya le reemplazaron, el que escuchó el clásico “el problema no sos vos, soy yo” o el que quedó esperando una llamada que nunca llegó. Son historias que se repiten una y otra vez y que, aunque en el momento parecen el fin del mundo, después terminan siendo una anécdota más para contar entre amigos.
Recomendaciones para el corazoncito adolorido:
Si el corazón quedó chálai, lo primero es dejar de hacer de “detective”. Entrar cada 5 minutos a ver si el ex publicó una historia, revisar quién le dio “me gusta” o fijarse a qué hora estuvo en línea no cambia absolutamente nada. Al contrario, hace que uno siga enganchado y que el bajón dure mucho más.
También ayuda dejar de guardar todo para uno. Juntarse con los amigos, hablar con un familiar o simplemente desahogarse suele ser mucho mejor que quedarse encerrado pensando siempre en la misma historia. A veces basta con largar todo lo que uno tiene atravesado para empezar a sentirse un poco más liviano.
Y si la cabeza no deja de dar vueltas, conviene mantenerla ocupada. Salir a caminar, hacer deporte, ir al gimnasio, aprender algo nuevo o dedicarse a cualquier actividad sirve para cortar un poco con la rutina de pensar las 24 horas en la misma persona. No borra el dolor de un día para otro, pero por lo menos evita que todo el tiempo gire alrededor del ex.