Francia abrió un feroz debate. La cuna de varios modelos de Códigos Civiles de países, eliminará cualquier rastro del famoso “deber conyugal”, esa vieja idea según la cual el matrimonio implicaría una obligación sexual.
Aunque la ley dejó de sostenerlo explícitamente en los años noventa, algunos jueces seguían invocándolo de forma indirecta en procesos de divorcio, apoyándose en interpretaciones ambiguas de la “comunidad de vida” entre esposos.
Era napoleónica
En su redacción original, en tiempos de Napoleón, en 1804, imponía un “derecho de cohabitación”, que en sucesivas reformas fue transformado en una “comunidad de vida”, interpretada como un “deber conyugal” o la obligación de mantener relaciones sexuales con su cónyuge.
Con el tiempo, los jueces fueron corrigiendo esa idea: primero al reconocer que una relación sin consentimiento es violación, incluso entre esposos, y después al eliminar la presunción automática de consentimiento.
Ahora, una propuesta de ley quiere dejar claro que el matrimonio no obliga a mantener relaciones sexuales.
Sus autores dicen que no es solo un cambio legal, sino cultural, en un país, donde las mujeres, que con frecuencia son las principales perjudicadas en las demandas de divorcio. Allí, ellas son mayoría a la hora de reconocer haber mantenido relaciones en contra de su voluntad.
El último caso emblemático que marcó
El caso que terminó de sacudir el sistema llegó hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, llegó a condenar a Francia en 2020 por un divorcio en el que se culpó a una mujer por “negarse a mantener relaciones durante diez años”. La esposa había denunciado violencia doméstica en varias ocasiones. Estrasburgo, capital de la región de Alsacia en el este de Francia, fue tajante: el matrimonio no equivale al consentimiento sexual permanente.