Soy Lourdes, tengo 32 años y estoy viviendo una de las decisiones más difíciles de mi vida. Hasta hace poco vivía con mi pareja y nuestra hija en una pieza dentro de la casa de su mamá.
Al principio iba a ser temporal, mientras nos acomodábamos económicamente, pero pasaron los meses y mi marido ya no quiso salir de ahí.
Mi suegra se metía en todo. Opinaba sobre cómo criábamos a nuestra hija, lo que cocinaba, cómo hablábamos entre nosotros. Sus comentarios eran tipo de “pasada” a veces, pero otras veces eran directamente críticas o formas de tratarnos que me hacían sentir que yo no tenía voz sobre mi familia.
Intenté muchas veces hablar con mi pareja. Le propuse buscar un alquiler, algo sencillo, aunque fuera chico, pero nuestro. Pero él siempre me respondía lo mismo: que no era el momento, que era mucho gasto, que ya estábamos bien ahí, etc.
Nuestra hija, mientras tanto, crecía en medio de todo ese ambiente de tensión.
Lo bueno es que tengo el apoyo de mi mamá, con ella se queda cuando trabajo. Además, es tan distinta a mi suegra, es prudente, y aunque algo no le guste de mi crianza, respeta mucho.
Eso también me hizo pensar mucho en el tipo de ambiente que quería para ella. En un momento ya no pude más. Entonces tomé una decisión impulsiva pero necesaria para mí en ese momento: junté algunas cosas y me fui a vivir con mi mamá.
Paz
Ella vive sola, y pensé que podíamos hacernos compañía y, al mismo tiempo, tener un poco de paz. Además, sabía que allí también mi hija iba a estar contenida.
Antes de irme, le hablé claramente a mi pareja. Le dije que si en tres días no venía a buscarme, yo iba a entender que la relación estaba terminada. No lo hice para manipularlo, sino porque necesitaba una decisión real. Necesitaba saber si estaba dispuesto a seguirnos sea donde sea.
Pasaron esos tres días. No vino, no buscó verme para hablar, no apareció con una solución. Solo me decía que me quería, que no quería perder a su familia, pero que mudarnos no era la forma.
Hoy entendí que no me eligió y no eligió a su hija. Yo no sé qué iba a pasar si él decidía estar conmigo, vería un alquiler para mudarnos, pero él aparentemente no piensa venir ¿Qué piensa de todo esto?
La respuesta:
Buen día, mi estimada Lourdes. Una de las piedras fundamentales en una relación de pareja es tener los mismos objetivos, cuando aquello no pasa, existe la posibilidad de que la continuidad se siente afectaba por las inconformidades de cada uno. Si se da la oportunidad de conversar con él, deberías hablarle desde la necesidad de que ambos deben tener el mismo objetivo de convivencia, partiendo de allí, exponerle que no todo es por su madre, sino más bien por la necesidad de tener su propio espacio, de poder crecer, de disfrutar de su sacrificio y saber que el día de mañana tendrán sus propias cosas. Si plantea volver a la casa de su madre o venir a vivir contigo en la casa de la tuya. Definir un tiempo apropiado para juntar lo que precisan para mudarse a otro lugar, trabajar ambos para que aquello se concrete y ejecutarlo. Existe la posibilidad de que la relación con la suegra mejore ya no que no habrá convivencia constante con la misma y ustedes experimentarán la responsabilidad y compromiso de tener su propio lugar.