Soy José. Tengo 22 años y, la verdad, nunca me animé a tener novia formal. No es que no me gusten las chicas, solo que con la vida que llevo hoy, no me da para meterme en eso.
Vivo solo hace un tiempo y laburo de lo que sale, lo que venga, ahora estoy de mozo en un local por la temporada, nunca logro conseguir algo estable. Terminé solo el colegio y la gente exige más estudios ha mba’e.
Hay días que no tengo ni un guaraní, y lo que entra se va rapidito entre alquiler, luz, agua y comida. Salir con una chica, invitarle a comer, al cine o a algún lugar purete es un lujo para mí.
Hoy las chicas tienen gustos caros, no es así nomás que se les complace, o al menos a mí no me tocó conocer otra diferente o una más recatada.
Conocí a Camila en la feria del barrio. Ella vendía empanadas y yo iba casi todos los días. Siempre me sonreía, me hablaba de cualquier cosa: del calor, del fútbol, de todo un poco.
Me llamó la atención
Al principio no me entusiasmé, pero luego me llamó más la atención. Empecé a quedarme más ahí, aunque fuera solo para escucharla hablar.
Una vez me contó que terminó la secundaria y que quería estudiar en la capital, y yo le dije que seguro iba a poder, y le di ánimo.
Ella sonrió y me dio su número. Yo no llamé enseguida, me dio miedo. Siempre pensé que para andar con alguien había que poder dar algo más, y yo no podía.
Pero le escribí igual, hablamos mucho y me dijo que le gustaría salir al centro un día, pero yo no podía decir que sí. No tenía plata para eso.
Le expliqué que laburo así nomás. Ella me dijo que no importaba tanto, que lo importante era pasarla bien.
Solo que la mayoría de las mujeres esperan a la larga que se les saque a cenar cada semana. Hoy no sé qué hacer. Le tengo ahí, le escribo y no le escribo, así estoy, teniendo miedo de tomar un compromiso
La vez pasada ya se enojó conmigo porque no le escribo o no le contesto y vi que me tiró una indirecta en su estado. Ella ya se está ilusionando y yo si que no quiero ilusionarme ¿Qué piensa de todo esto que le conté?
La respuesta
José, lo que relatás no habla de falta de interés ni de inmadurez, sino de miedo a no estar ‘a la altura’, un miedo muy común cuando la vida está marcada por la inestabilidad. Es importante decirlo con claridad: una relación no se construye sólo con dinero, sino con presencia, honestidad y respeto. El conflicto no es Camila, sino la creencia de que primero debés ‘resolver tu vida’ para merecer amar. Ese mandato te deja sólo, sin proyección de futuro, sin motivación, y te inmoviliza como viene haciéndolo. Camila ya te mostró algo valioso: te escucha y tiene interés, y te lo demuestra, quiere seguir conociéndote desde esa simplicidad y apertura. El compromiso no debería empezar ofreciendo lujos con el afán de impresionar y luego no poder sostenerlo, sino siendo realista, transparente y honesto sobre lo que hoy sos y podés aspirar también, sos joven, estás sano y podés construir un futuro con el que te sientas cómodo y satisfecho. Mi sugerencia es que no te adelantes a exigencias que ella no puso. Permitite conocerla sin promesas elevadas, paso a paso. El amor sano no exige perfección previa, sino verdad y coherencia. Y eso, José, vos ya lo estás teniendo ¡cuidado! no permitas que el miedo me impida amar y ser amado.