Me llamo Laura, tengo 28 años y hace cuatro años que estoy en pareja. Nunca pensé que iba a animarme a contar esto, pero ya no puedo, necesito sacar todo, que alguien me pueda guiar, porque la culpa me pesa muchísimo.
Con él, afuera parecemos la pareja perfecta: fotos sonrientes, salidas los fines de semana, planes a futuro.
Pero puertas adentro hay algo que se fue apagando, y duele más de lo que imaginé. Mi problema no es el amor. Yo le amo, es un buen hombre, trabajador, atento en muchas cosas.
El tema es en la cama. Desde hace más de un año nuestra intimidad se volvió así como se dice “un rapidito”. Él termina enseguida y todo queda ahí.
Yo me quedo con las ganas, frustrada, enojada. Casi ni llego a sentir. Al principio no le di importancia, pensé que era estrés, cansancio, quise ser gua’u comprensiva. Angana él trabaja mucho pobrecito, dije.
Nada cambió
Pero el tiempo pasó y nada cambió. Intenté hablar con cariño, sin reproches. Le dije que necesitaba más conexión, más tiempo, que juguemos más antes de ir a lo último para que yo pueda entrar en calor.
Me prometió que iba a intentar mejorar, pero la realidad es que todo sigue igual. A veces hasta evita el tema. Yo me siento culpable por desear más, como si estuviera pidiendo demasiado.
Pero también me siento frustrada, insegura, poco deseada. Lo más difícil de admitir es que empecé a fantasear con otros hombres, con la idea de sentirme plenamente satisfecha, aunque no sea con mi pareja, de que me miren con deseo y se tomen el tiempo para explorarme sin apuro.
Me pasa cuando voy al gimnasio, cuando un compañero de trabajo me sonríe, cuando alguien me hace un cumplido. No hago nada, no cruzo límites, pero en mi cabeza aparecen escenas que después me dejan pensando horas. No quiero engañarlo.
No soy esa clase de persona. Pero tampoco quiero resignarme a una vida donde mi deseo queda siempre en segundo plano. Siento que estoy en una encrucijada: entre la lealtad a un hombre que quiero y la necesidad de sentirme mujer, deseada y satisfecha.
A veces me pregunto si el amor alcanza cuando la intimidad no funciona.
Si está mal anhelar algo más o si simplemente estoy reconociendo una carencia que no supe ver antes, o a lo mejor que no quise ver también.
¿Qué puede decirme a lo que me está pasando?
La respuesta: