Soy Natalia. Yo terminé mi carrera de docente hace unos meses, y la verdad todavía me cuesta creer. No fue fácil, porque empecé tarde, batallé muchísimo para cumplir mi meta.
Me casé joven, me dediqué a la casa, a acompañarle a mi marido en todo. La verdad es que me casé temprano porque me embaracé nomás luego.
Siempre dejaba “para después” lo mío. Hasta que un día dije basta. Tenía 25 cuando me inscribí y empecé a estudiar, rodeada de chicos más jóvenes, con miedo, pero con ganas.
Ahora tengo 29 y mi título en la mano. Debería sentirme feliz del todo, pero hay algo que no me permite, y es que mi marido no está feliz con mi logro, no está celebrando conmigo, ni me apoya.
En casa, cuando salió el tema de que quería empezar a enseñar, él se quedó callado primero. Después empezó a decirme cosas como “¿para qué te apurás tanto?” o “no hace falta que trabajes, yo gano bien”.
Él es constructor, pero el que se encarga de agarrar los trabajos y tiene personal a su servicio. Y siento que le pesa que yo tenga título y que él no.
Una noche le dije bien claro que ya había esperado demasiado, que quería probar, aunque sea en una escuela cerca. Ahí cambió su tono. Me dijo que la casa se iba a descuidar, que después ya no iba a tener tiempo para él, que seguro me iban a “llenar la cabeza” en el trabajo. Y no me esperaba eso porque realmente, aunque nunca se vio interesado en mis cosas de facultad, nunca me dijo nada de lo que pensaba asiete.
Yo no quiero pelear. No quiero hacer drama tampoco. Solo quiero hacer lo que estudié, lo que me costó tanto. No es solo por la plata, aunque también ayudaría. Es por mí. Por sentir que puedo valerme sola si algún día hace falta.
A veces me siento culpable. Otras veces me enojo en silencio, porque siento que no es justo. Yo le apoyé siempre en todo, nunca le até.
Decidida
Preparé mi currículum igual, sin decirle mucho. Me senté en la mesa con mi cuaderno, como cuando estudiaba de noche mientras él dormía. Y me di cuenta de algo: no volví a estudiar para quedarme otra vez en pausa.
Capaz le cueste entender. Capaz tengamos que hablar mil veces más. Pero esta vez no voy a dejar para después. Porque ese “después” ya me hizo esperar demasiado ¿Qué piensa de todo esto?
La respuesta:
Buen día, mi estimada Natalia. En toda relación de pareja se debería dar aceptaciones, negociaciones, entrega, pero no postergaciones. Te postergaste mucho con tu sueño, ya sea por vos, por las circunstancias o por los demás, ahora tenés que salir a realizarlo. Deberías hablar con él, pero no con la intencionalidad de reclamo, sino exponiéndole lo bien que te sentirías si recibís el apoyo de una de las personas que más querés en este mundo, que así como vos le hacés feliz a él y él te hace feliz en otros aspectos, este proyecto es fundamental para vos. Existe mucha posibilidad que hablándole de cómo te vas a sentir con su apoyo, cambie de forma de ver las cosas y se sienta parte fundamental de tus logros y no en desventaja con eso.