Soy Alberto. Les escribo desde España para contarle cómo es la mujer también. Siempre nos atacan a los varones y ellas son santas. Pero yo soy la prueba de que también hay mujeres sinvergüenzas. Vine a este país para trabajar, pensando en darle un mejor futuro a mi señora y a nuestro hijo que ahora tiene 9 años, pero hace poco me enteré de que mientras yo me rompo el lomo acá, ella ya se encontró un nuevo macho, con quien suele salir y se muestra sin tener vergüenza de lo que digan los demás.
Viajé hace dos años. Tomamos juntos la decisión porque está hendy la cuestión en Paraguay. Yo tenía un trabajo estable, pero no nos alcanzaba, el sueldo mínimo ya no da para mantener a una familia, y vine no porque quise, vine por ellos.
En ese momento todo era nambré luego con ella. Ella la más comprensiva, se puso triste, lloró amargamente luego porque iba a venir. Me dijo: “Andá nomás, amor, nosotros te vamos a esperar.
Cuando me despedí de ellos fue el día más triste de mi vida, y soñaba con volver en cinco años ya con todas las deudas pagadas y un emprendimiento para continuar nuestra vida. Pero ella decidió irse por lo fácil. Yo acá soy fiel, nunca le toqué a otra mujer porque soy un tipo de iglesia, y sé que tengo que respetar a mi esposa, pero ella no pudo por lo visto.
Desde que logré estabilizarme y trabajar acá, yo pago todos los gastos de mi hijo, casa ya tenemos, pero la comida, súper, todo sale de mi bolsillo, ella se encarga de cuidarle nomás.
Seguíamos bien en comunicación, ella siempre cariñosa, buena onda, nambre, y los días de mi cobro ni qué decir, cuando tengo que darle plata la más buena es. Pero hace unos días, un amigo me escribió desde Paraguay y me contó todo lo que pasa con ella. Me dijo que varias veces vio a mi señora con otro tipo, a los besos luego. No quise creer primero.
Confirmación
Pero luego empecé a preguntar a mis allegados y me confirmaron que el tipo le busca, ella sale de noche con él y a escondidas para que nadie pille gua’u pero se les ve todo.
Lo peor es la doble vida que lleva conmigo. Mientras supuestamente está con otro, me sigue llamando “amor” y pidiéndome plata. Hace pocos días me pidió dinero para comprarle cosas a nuestro hijo y yo le envié sin dudar. Ahora no sé si encararle de una o irme a sorprenderle. Soy capaz de comprar pasaje con lo que tengo ahorrado e ir para atraparle con las manos en la masa ¿Qué me aconseja?