Su tereré y su cámara fueron sus compañeros de siempre mientras, de a poco, Alexis Viveros iba armando su propia barbería, uno de esos sueños que tenía desde chico.
Pintó las paredes, hizo trabajos de albañilería, se puso con la electricidad y fue dejando todo listo, sin que las muletas fueran un impedimento. También compró sus muebles y herramientas y, el domingo, finalmente, abrió las puertas de su local en el centro de Caaguazú.
Alexis cumplió 18 años en marzo y, a su corta edad, ya es su propio jefe. Pero no piensa quedarse ahí. Su próximo objetivo es abrir más locales y, si puede, darles una oportunidad a otros jóvenes que también tengan ganas de salir adelante.
Juntó su platita
“Ahorré mucho y trabajé día y noche para juntar mi plata. Me costó bastante”, contó a EXTRA.
No pidió préstamos ni tuvo ayuda económica para montar el negocio. Todo lo que consiguió fue juntando de a poco, con el fruto de su trabajo.
Alexis perdió la pierna derecha cuando tenía 9 años, en un accidente en moto en el que también falleció su abuelo. En ese entonces, su mamá estaba en Argentina, donde había viajado para trabajar, por lo que él quedó al cuidado de sus abuelos.
Fueron años difíciles para el joven, pero con el tiempo decidió que no quería quedarse quieto. Desde chico ya le gustaba la peluquería y jugaba con sus amigos a cortarse el pelo.
En 2024 hizo un curso de barbería y comenzó a practicar con sus compañeros del colegio. Poco después también empezó a atender a vecinos y conocidos.
Sus primeros clientes fueron justamente quienes lo alentaron a seguir y a confiar en que podía convertir aquello que empezó como un gusto en su propio trabajo.
En las buenas y en las malas
El domingo, varios de esos amigos estuvieron junto a él en la inauguración de su local, acompañándolo en un momento que esperaba desde hace años.
“Estuvieron mis amigos y mi maestro de la barbería, el que me enseñó todo lo que yo sé”, señaló.
Todo el proceso para llegar hasta ahí, Alexis lo fue mostrando en un video. Se lo ve pintando, haciendo trabajos de albañilería, arreglando detalles del local y hasta metiéndose con la parte eléctrica. Después llegó el momento más esperado.
Con sus muletas, se acercó hasta la puerta de su barbería, cortó la cinta y entró para empezar una nueva etapa como dueño de su propio negocio.
El sueño que había contado a EXTRA el año pasado, cuando todavía estaba en el colegio y cortaba el pelo a sus compañeros, finalmente se hizo realidad.