Soy Fabiana, tengo 38 años. Con mi marido, que tiene la misma edad que yo realizamos tratamiento por 3 años para que me pueda embarazar. Luego de decidir que ya queríamos un príncipe o princesa.
Para que entiendan un poquito, llevamos juntos diez años, y nuestro matrimonio siempre fue muy estable. Nos llevamos muy bien siempre, y creo que supimos mantener esa llama encendida.
Salidas de pareja eran habituales, al menos una vez a la semana. Vivimos en una casita que nos cedió mi mamá. Él es técnico en electricidad y le va muy bien en todo lo que hace. Está creciendo cada vez más en su mini empresa.
Cuando ya sentimos la necesidad de que un pedacito nuestro llegue a darnos esa alegría, nos dimos cuenta de que no iba a ser tan sencillo como parecía.
Nunca quedaba embarazada, y es ahí donde tomamos la decisión de ir a consultar con un especialista. Había un problema en la fertilidad, principalmente de él, con tratamiento, ambos logramos que finalmente después de los tres años, con mucha emoción, la doctora nos dijo que al fiiiin quedé embarazada.
Celebramos como locos, nos pusimos muy, pero muy felices. Él me mimó durante todo el embarazo, se portó súper bien, no esperaba menos.
Pero lo que pasó después de su nacimiento realmente sí que no esperaba.
Mi marido estaba súper emocionado. Nació la beba y era el que más estaba por nosotras. Pero pasó una semana y empezó a cambiar de la nada.
Los llantos de mi hija (tiene un mes), que no dormimos como antes, que no sabemos qué le duele, que los cólicos, todo eso creo que le asustó.
Distante
Se distanció muchísimo de mí, todo lo que tenga que ver con la bebé le estresa, si le pido algo hace caras, y pedirle que cambie el pañal luego es para él un martirio, lo peor que puedo pedirle.
Le miro y le veo con una cara de “en qué me metí”. Por momentos trata de mejorar la cara y el ánimo. Por momentos viene y es cariñoso. Pero es muy a veces.
Lo que está pasando es que llega más tarde de lo habitual del trabajo. Cuando está en casa trata de salir o estar lo menos posible. Se va a lo de su mamá.
Sí viene, le mima a la criatura y eso, pero no le veo con esa misma emoción de antes.
Le veo asustado, y yo estoy pasando mal, porque tengo que lidiar con los cólicos de mi bebé, lidiar con mi recuperación, porque pasé por una cesárea. No dormir nada. Ser una zombie prácticamente, para que también tenga que estar enfrentando una situación así ¿Qué puede estar pasando? ¿Qué hago?
La respuesta:
Tu marido no dejó de amar ni a vos ni a la bebé. Está abrumado, asustado y desbordado por la paternidad real. Como no sabe manejarlo, evita y se distancia de ambas. Puede estar atravesando ansiedad o una especie de depresión postparto paterna. Si esta situación no se aborda puede aumentar la distancia en la pareja. Vos podés cargar con enojo y agotamiento. Él puede desconectarse más del rol de padre. Lo ideal es que hablen sin reclamos: expresale que lo extrañás y preguntale cómo se siente. Darle tareas concretas con la bebé (no pedir “ayuda” general) Validar pequeños intentos para reforzar su vínculo.