@feryirobles De acuerdo al último ranking de transparencia Internacional dado a conocer en enero pasado, Paraguay sigue ubicado entre los países más corruptos del mundo y entre los peores a nivel sudamericano, superado únicamente por Venezuela.
Esta percepción está perfectamente reflejada a la situación real. A diario salen a la luz diversos casos de corrupción ligados directamente a la función pública, sobre todo a las autoridades representantes del país, y a los amigos o parientes de estos. Lejos de ser detectados por la Contraloría General de la República, las denuncias son publicadas por la prensa, o a veces son descubiertas por un descuido en las redes sociales.
A diferencia de hace algunos años, en estos tiempos la corrupción encadenada al sistema se empezó a debilitar gracias a la reacción de miles de ciudadanos hartos de la situación. Antes de adecuarnos al miedo de las fuerzas de poder de políticos instalada en el tiempo, los jóvenes de ahora se levantaron contra ellos.
Las últimas movilizaciones ciudadanas dejaron el precedente de luchar por un país mejor a través de la presión democrática. Recuerdo a la sorprendente medida adoptada por algunos locales comerciales que prohibieron la entrada a los 23 senadores que se encargaron de blindar al senador Víctor Bogado, y la gran movilización de aquel 15 de noviembre del 2013, exigiendo el desafuero de Bogado.
Marcaron hitos históricos para este cambio, unidos contra la corrupción. Hace poco nos despertábamos aún más con la iniciativa de estudiantes secundarios y universitarios que presionaron para mejorar la educación lejos de las irregularidades, sobre todo atendiendo las obras que no existen, y los desvíos millonarios de los fondos del Fonacide.
El jueves incluso ellos se encargaron de dar una lección a las autoridades de educación; comprando chipitas, cocido, frutas y otros productos al precio real, mostrando cuanto se puede lograr con la trasparencia.
La corrupción en Paraguay no es un accidente, nosotros la creamos pero nosotros la podemos destruir. Como lo titulamos siempre, una clase para la historia.