@paredesjor33 En la mañana de ayer nos desayunábamos con la noticia que en la cárcel de Tacumbú se vivía un verdadero “infierno”. El fuego, que se inició en el sótano donde se confeccionan ropas, en el pabellón de presos rehabilitados, consumió la vida de seis personas.
Era de madrugada, de repente, las llamaradas se volvían cada vez más intensas, había densas humaredas por todos lados, no se veía casi nada. En medio del incendio, el jefe de guardia, Blas Gaona, solo pensaba en poner a salvo a cuantos internos podía rescatar.
El guardia tenía 25 años de antigüedad en su trabajo dentro del penal y conocía al dedillo cada pabellón. Con el coraje que le caracterizaba, según posteos de personas que lo conocían, no dudó un instante para sacar a luz su valentía y salvar a varios. Hubo internos intoxicados con el humo y heridos a causa del incendio que fueron trasladados a centros asistenciales, especialmente, al Hospital del Quemado. Gaona también cayó desvanecido y fue auxiliado, pero su vida se apagó antes que las llamas fueran controladas en la penitenciaría.
Sin embargo, llamó la atención la declaración, poco feliz, de la titular del Ministerio de Justicia, Carla Bacigalupo, por la tragedia. Esta vez, el caso no era mostrar ropas confeccionadas en el penal de mujeres ni jactarse con los proyectos de reinserción social de los reos. Morían reos atrapados en medio de las llamas.
Trató de minimizar todo: “el incendio no fue de magnitud”, “gracias a Dios se pudo controlar de forma rápida (el incendio)”, “Blas Gaona es un gran héroe, persona comprometida”, fueron sus declaraciones a la prensa.
Pero lo peor fue cuando dijo a los familiares de los presos: “Tranquilícense, solo tenemos un fallecido”. ¿Dónde están los otros cinco calcinados?. Y ni aún si fuera solo un muerto. “Todo está controlado, no se va a derrumbar nada”, fue otra frase infeliz. Si sigue en el cargo la ministra y sumado al hacinamiento en el penal, la sobra de la tragedia seguirá en el lugar.