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Que la realidad no arruine los sueños

Hace unos días, pregunté a una niña, que va al 5° grado, si estaba aprendiendo a pesar de no ir a la escuela, y su inocente respuesta fue contundente: “No tanto, yo hago nomás mi tarea”.

La pandemia por coronavirus nos tomó de sorpresa a todos, pero los países más desorganizados sufren el doble.

La decisión del Gobierno de mantener a los niños en casa fue acertada, nada es más importante que la salud delos niños. Sin embargo, la educación,derecho al cual miles de paraguayos no han podido acceder debido a la pobreza extrema y la desidia de los gobernantes ha marcado la vida de miles de familias. La pandemia es hoy un obstáculo más de desigualdad para los humildes (que históricamente han estado en desventaja) que para aquellos que tienen la fortuna de haber nacido en una familia con mayores recursos económicos.

Los padres tienen responsabilidad de acompañar la educación de los niños,pero siempre han dejado todo en manos de los educadores. En la mayoría de los casos esto no es por irresponsabilidad,sino, por lo poco ilustrados que son.

“Voy a trabajar como negro para que mi hijo tenga la oportunidad que yo no tuve” es un dicho muy popular en familias pobres. Ahora, que gran parte de la educación depende de ellos, se sienten frustrados. Docentes, familiares y amigos, no duden en brindar apoyo a estas familias, por el bienestar de los niños y por el futuro de todo el país.

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