07 feb. 2026

Patrioterismo futbolero

@pablonoearaujo @pablonoearaujo

En un país en donde la historia se limita a relatar grandes guerras, en donde el heroísmo se mide por la cantidad de bajas del enemigo, en el que los requisitos para ser honorable están relacionado directamente al uso de uniforme militar, no sorprende que las analogías del fútbol apelen a esta memoria colectiva.

El principal objeto de nuestra rivalidad es la Argentina. Celebramos por lo alto resultados exitosos cuando los enfrentamos y disfrutamos de todas sus derrotas. Tomamos a mal las situaciones en las que nos vemos involucrados con personajes del vecino país. Apelamos al tradicional aichinjaranga para victimizarnos y hacer causa nacional de estos insignificantes duelos. Poco nos importa el hecho de ser consumidores casi adictivos de todo lo que viene desde ashá. Participamos fervientemente de sus espectáculos televisivos y los protagonistas de su farándula se transforman visitantes ilustres en nuestro país.

La última batalla reportó un empate a 2 goles, un resultado inesperado para nuestras alicaídas esperanzas antes de disputar la Copa América. Una charla informal entre Messi y Di María, captada por la televisión internacional encendió nuestra ira. “Se burlaron del Paraguay” rezaban los indignados comentarios, cuando el hecho no supera un chiste entre compañeros, que tenía a Agüero como el tercer protagonista.

Apelar a un razonamiento mesurado, en el que recordemos el estrecho vínculo histórico entre los pueblos es un ejercicio trillado e ineficiente. Por eso, si queremos efectivamente buscar algún motivo para “luchar” contra la Argentina, deberíamos mirar fuera de la cancha.

El mejor caso, el tratado de Yacyretá en donde la renegociación es factible. Nada se hizo al respecto, cuando hablamos de millones de dólares que pueden financiar el salto de calidad que requerimos y abandonar la situación de precariedad en la que subsistimos. Lograr esta reivindicación sería un golazo heroico. De esos que poco nos interesan.