07 feb. 2026

País de amigos

@augusto2s @augusto2s

En Belem do Para (Brasil), allá por el 2009, fui testigo de un ameno sermón sobre temas de gobierno por parte del recordado Lula da Silva al entonces presidente Fernando Lugo.

En el sitio no estaban más que los presidentes y dos personas que los acompañábamos. El tema estaba centrado en la experiencia de gabinetes.

Me quedó la frase del veterano presidente, creador del gigantesco plan “Hambre cero” que sacó de la miseria a 30 millones de brasileños cuando dijo: “Cuídese de los amigos en el gabinete, los amigos son difíciles de manejar y aún más difícil destituirlos de los cargos y aún peor, cuando los destituyes no solo pierdes un ministro sino también pierdes un amigo” (evidentemente Lula lo vivió en carne propia).

Es muy común en nuestra cultura política la ubicación de amigos “en cargos de confianza” y posiblemente ello se deba a la convergencia de varios factores: nuestra opacidad y esa propensión a decidir no en círculos de capacidades sino en círculos de confianza. Nuestro presupuesto básico sobre que algo saldrá mal y los amigos lo encubrirán.

Nuestra mayor confianza en los afectos que en el talento. En diversas experiencias burocráticas, sin embargo, se ha visto que a “los amigos” es mejor invitarlos a un asado que exponerlos (si la razón solo fuera el afecto) al desgaste de una mala experiencia.

En términos de Estado somos una experiencia en la que la filosofía de que “somos un país de amigos” no hizo sino causarle dolores de cabeza a esa parte de la ciudadanía que no es amiga de las autoridades pero tiene la buena costumbre de pagar sus impuestos.