06 feb. 2026

Nos indigna todo, menos la corrupción

carlos.franco@extra.com.py carlos.franco@extra.com.py

“Este es un país de cretinos”, dijo hace más de 100 años Cecilio Baéz, uno de los intelectuales más grandes de Paraguay, y mirando nuestra realidad social se percibe algo de cretinismo (falta de yodo) en el comportamiento de la ciudadanía, la cual encuentra todos los días algo contra que indignarse.

El tema del momento, los “limpiavidrios”; la ciudadanía le ha declarado la guerra a estas personas, que es cierto, no tienen una aureola en la cabeza, pero no se puede negar que son el producto de un sistema corrupto. Nos indigna que “rompan las bolas” en los semáforos, pero callamos cuando pasamos sobre los baches que destruyen nuestros vehículos y perdemos horas en el tráfico porque los caminos alternativos y viaductos nunca fueron construidos.

Hace unos días, una señorita se lanzó de un segundo piso buscando acabar con su vida, afortunadamente fracasó, pero rápidamente corrió el rumor que es oriunda de Concepción y que protagonizó un video sexual.

En el programa de radio “El Parlamento” hicieron bromas sobre la supuesta “facilidad” de las concepcioneras, hecho que causó indignación. Hasta los diputados Bernardo Villalba y Ramona Mendoza exigieron que los locutores sean despedidos. Nos indignaron las bromas, pero a nadie le indignó que diputados, que ganan más de G. 30.000.000 al mes, pierdan el tiempo debatiendo sobre lo que ocurre en un programa de humor.

El fútbol ¡cómo olvidarlo! ayer llegó a nuestro país Juan Manuel Iturbe, para jugar por la Selección Paraguaya, a quien gran parte de la afición trata de “vende patria”, porque en el pasado dijo que quería jugar por Argentina. No olvidamos que Iturbe optara por otra camiseta, pero olvidamos los casos de Víctor Bogado, José María Ibañez, Camilo Soares y otros políticos manchados por la corrupción.

Nos indignan los limpiavidrios, locutores y futbolistas, pero mostramos una pasividad que roza complicidad contra la corrupción de los políticos que desangran al país y de paso, le damos la razón a Cecilio Baéz.