Columnistas

No nos dejemos matar

Abril de 2013. Los médicos cierran con biombos y cubren el viejo sofá que pusieron de improviso en el pasillo del hospital abarrotado de personas afiebradas donde estaba. Ninguno de los médicos quería demostrar que yo estaba sangrando y muy débil. “La peor epidemia”, decían en los noticieros y confirmaban la víctima número 45 de dengue. Tenía miedo y rabia.

Siete años después, siguen creyendo que limpiar el patio no es lo que va a ayudar a reducir los mosquitos de porquería.

De las teorías “conspiraticias”, ningún sentido tienen la que dice que el dengue no se contagia por el insecto y es la que más nos debería preocupar. Hasta que no esté demostrado científicamente, lo que importa es que hay que limpiar los patios. Tan simple, tan llano.

En 2013 me salvé teniendo dengue hemorrágico o “dengue grave”, como prefieren llamarlos las autoridades para no crear “falso pánico”. Actualmente, más de la mitad de la población del país tuvo alguna vez esta enfermedad, por lo que estamos en peligro, con cada epidemia los síntomas pueden empeorar y puede que el maldito mosquito termine con tu vida. No seamos incrédulos como aquellos que no creen en el cambio climático, sin embargo, hay especies muriendo.

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