Por Hugo Barrios @Huguelli Miedo. Eso es lo que dio ver ayer por tantas hurras por la “fecha feliz”. Muchos extrañan al General. Como no sufrieron siquiera un rasguño durante su régimen y les importó tres pepinos que se torturara y matara al vecino, los “nostálgicos” hablan de que con su mano dura se vivía mejor, que se podía dormir con las ventanas abiertas y que todos éramos felices y no lo sabíamos. Chúlina.
Muchos extrañan al General porque consideran que hace falta un estilo como el suyo en estos tiempos donde la delincuencia nos tiene aterrorizados y ladrones de guantes blancos vacían las arcas públicas. Ah, ¿no se robaba desde el poder en esa época? Bueno, te creo.
La figura del “Rubio” se convirtió, salvando las distancias en un “ídolo” tipo Pablo Emilio Escobar Gaviria. “El patrón del mal” mandó matar a miles de compatriotas suyos ya sea porque no les gustaba cómo pensaban o porque los consideraba una amenaza, un estorbo. A costa de la sangre de criaturas, jóvenes o adultos, se convirtió en el héroe de muchos. Igualito que Tembélo.
Por más que uno le dé vuelta al asunto no se explica cómo un asesino puede gozar aún de tanta popularidad. ¿O no fue un asesino? A pesar de estar ya desaparecido, personas que tienen una buena formación intelectual reivindican su figura y escupen que la cosa pública requiere de hombres como él. Hoy los melancólicos lo extrañan. Nadie dice nada porque el hijo de uno de sus hombres más leales es el presidente del Congreso. Hasta parece normal tanto masoquismo.
Es lamentable de qué manera la decadencia política nos hundió al punto que hoy discutimos aún sobre la vida de protagonistas oscuros como el cumpleañero del 3 de noviembre. De yapa, el actual dueño de la silla presidencial no se acordó ayer de las víctimas de la dictadura. No, él le tiró flores al líder del “cuatrinomio de oro” en una de sus ya torpes arengas partidarias. Muchos Stroessnerlieber como Cartes, extrañan al General. Yo no. Ya tú sabes.