@marianonin1 No voy a hablar del que se enriqueció con el contrabando de cigarrillos, lavando dinero del narcotráfico o comprando dólares preferenciales. Porque, según su propio concepto de político ocasional, él sí supo robar. Y le salió tan bien que hasta se compró un cargo. Uno muy grande. Demasiado grande. Los abusos políticos que se destaparon en los últimos meses dejan al descubierto un sistema corrupto e inmune al descontento social. Cárdenas y Gómez, son solo otro ejemplo. Pero es una desgracia que se reproduce en todo el país como un mal incurable y progresivo.
Pongo el ejemplo de Lambaré, porque la historia que quiero contar nace aquí. Agatha Sofía Álvarez es hija de una pareja que vive en esta ciudad. Tiene una hermana que se llama Victoria (su melliza) y un hermano que se llama Ángelo. Con mucho sacrificio y trabajo decente Óscar y Clara criaron a sus hijos hasta que vieron en el gran país del norte las posibilidades de crecimiento que el Paraguay les negaba. Su educación había sido sólida y rápidamente se adaptaron al ritmo frenético de uno de los países más desarrollados del mundo.
Su historia, quizás hubiese pasado desapercibida, si no fuera porque Sofy nos sorprendía desde la televisión al lado de uno de los hombres más poderosos del mundo, Barack Obama, el Presidente de Estados Unidos. Me contaba Óscar, su padre, que ella había sido elegida por su desenvolvimiento y pasión por la astronomía. Entre millones de personas, ella, nada más y nada menos que en la propia Casa Blanca.
Creo que es como una recompensa. Muchos no entenderían el dolor de una pareja que tiene que desarraigarse para asegurar el futuro de sus hijos. Pero es una realidad que se repite por miles en todo el país. Por eso siempre digo que cuando los políticos roban no solo nos roban dinero. Nos roban la esperanza. Nos roban el futuro de nuestros hijos. En este caso la historia tiene un final feliz. Pero hay muchas Sofías lejos de sus casas, buscando un porvenir que las autoridades les robaron en su propio país.