08 feb. 2026

Lo que al paraguayo le indigna

@ruthbenitezdiaz @ruthbenitezdiaz

No me parece interesante estresarse por lo que elige comer una persona (como sucedió la semana pasada con Fiorella Migliore por sus consejos veganos) ni indignarse por un cartel de cerveza frente a la Casa de la Independencia porque sencillamente no es lo más importante que pasa en el país.

Lamento profundamente que estos sean los temas que muevan a la gente. Tanto polvo para algo tan intrascendente. Ayer saltó la noticia de un niño de 11 años cuyos familiares mantienen atado con una cadena, pero nadie se indignó como sí sucedió con el cartel de Pilsen.

El pequeño sufre de epilepsia y además es hiperactivo. La mamá ya había ido a la cárcel por maltrato y el niño quedó a cargo de la abuela. Cuando recuperó su libertad, la mujer no tuvo mejor opción que encadenar a su hijo porque no sabía qué hacer con su “hiperactividad”.

Para nosotros el caso es nuevo, para los vecinos y autoridades, no. No obstante, solo cuando se hizo noticia pública, la Fiscalía decidió intervenir y prometió asistencia. ¿Por qué no nos indignamos por esto y reclamamos al Estado que haga su trabajo? Pero no, el cartel luminoso que se puso por una noche con motivo de una fiesta frente a la Casa de la Independencia causó el revuelo de todos en las redes sociales.

La Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados llamó a una reunión a la municipalidad, la Secretaría de Cultura y a Cervepar para tratar el caso. ¿Alguien convocó a una reunión con la Fiscalía o la Secretaría de la Niñez para saber qué hacer con el niño que vive encadenado como un perro?

Por favor, dejemos de detenernos en pavadas. A nadie afecta lo que decide comer una persona y menos un cartel instalado de forma temporal frente a la patrimonial casa. Lo que al paraguayo le indigna se pasa de lo absurdo. Preocupémonos mejor de observar a la clase política que apunta a la intendencia para no volver a votar a aquellos que convierten las calles en cráteres lunares.

O exijamos mejor al Estado que rompa las cadenas del nene, a ver si rompen también las nuestras.