@danichung
Una de las razones por la que el fútbol es tan poderoso es porque impide la injerencia de la justicia ordinaria en su círculo. Desde la FIFA la bajada de línea es muy clara.
No interesa el estudio del fondo de la cuestión que en muchos casos es complejo, sino preservar la dinámica del juego y la salud de la competencia aunque eso genere dudas sobre la soberanía y la implementación de una justicia paralela. La ecuación es clara, cualquiera que se atreva a recurrir a la justicia ordinaria, entiéndase no futbolera, es sancionado por las federaciones asociadas a la FIFA y esta regla de juego es aceptada por todos.
Este contexto hace que sea aún mayor la responsabilidad de la APF al permitir que el caso de Sport Colombia haya llegado al punto del ridículo. A días del arranque del segundo torneo más importante, la Intermedia, que saca el eufemismo de “semi-profesional” para volverse supuestamente profesional, el elenco fernandino tiene dos presidentes con sus propios técnicos, planteles y comisiones que respaldan a cada mandamás. La desidia de la Asociación permitió que hasta vayan dos delegados a la reunión de la Divisional donde programaron la 1ra. fecha, que lo tiene al club recibiendo en el “Alfonso Colmán” a Resistencia. Todo se precipitó con la muerte del entonces presidente Hugo Galeano y la asunción de su vice, Luis Colmán, en diciembre pasado y una posterior asamblea en marzo con la elección de Pablo Galeano, hijo del expresidente fernandino.
Sin entrar en la valoración del meollo –con impugnaciones y presencia de la justicia electoral- lo que es innegable es que tiempo hubo de sobra para clarificar el panorama antes del inicio del torneo. “No estamos reconociendo a ninguno de los presidentes de Sport Colombia, hasta que haya una asamblea definitiva”, expresó esta semana Wigberto Duarte de la APF. Poncio Pilatos hubiese pasado por las oficinas de Sajonia para hacer un curso rápido de cómo lavarse las manos en vez de hacer justicia.