Por Hugo Barrios @Huguelli Este Horacio tiene algo de aquel Nicanor del 2008. La arrogancia con que el recordado Tendota se dirigía a sus partidarios y a todo el país terminó costándole muy caro al Partido Colorado: nada menos que una hegemonía de más de 60 años.
Nicanor escupía soberbia a la hora de sus discursos proselitistas. Eso, más una pésima administración pública y cientos de denuncias por corrupción, terminaron por espantar los votos colorados y dejar como ganador a una incipiente figura de la política: Fernando Lugo. Duarte Frutos terminó siendo el Mariscal de la derrota. La ANR perdió por un margen de 10 puntos en el recuento final.
Con Horacio ocurrió algo similar el fin de semana. Cartes decía que iba a teñir de rojo el país, guste a quien le guste. Fue soberbio. Se olvidó de que en democracia hay que saber tolerar la diferencia de ideas. Su candidato, Arnaldo Samaniego, terminaría perdiendo por una diferencia de 10 puntos. Así como Blanca Ovelar. Luego de 15 años de administración colorada, ahora habrá alternancia en la gestión pública capitalina.
La soberbia no es buena compañera en todos los ámbitos de la vida, tanto en lo personal como en lo profesional, en lo deportivo como en lo político. Hasta en cuestiones del amor... La humildad, muchas veces, es letra muerta en nuestro quehacer diario. Y eso incluye a los periodistas. Creemos saberlo todo y, en sinfín de ocasiones, no sabemos un pomo y no somos lo suficientemente humildes como para reconocerlo.
La soberbia llevó a la ANR perder nada menos que el poder en la Municipalidad de Asunción y varias comunas del Departamento Central. Mario, pese a todo el aparato partidario en contra, los spots de Chilavert, el gimnasio de Arnaldo, el karaoke con Marilina y los discursos de Horacio, apostó a la mesura -pero con firmeza- y le fue bien. No fue soberbio. El “Tractor amarillo” da un paso al costado para que el “Submarino amarillo” intente ahora resolver los miles de problemas que atraviesa la Asunción de todos. Ya tú sabes.