Columnistas

La muerte y la impunidad

Las víctimas fatales a causa de los ebrios al volante no paran. Cuatro personas fallecieron en los últimos días a causa de la inconsciencia y el pésimo control.

Natalia, una madre de 29 años, pagó con su vida los errores de Fiorella Romero, mientras esperaba el colectivo. Fiorella estaba alcoholizada cuando arrolló y mató a Natalia. La investigación ha demostrado mucha parcialidad hacia la imputada y los familiares de la víctima, una familia humilde, teme la impunidad.

En la madrugada del viernes, Amado Rodríguez (62) falleció juntando plásticos en su motocarro. Fabrizio Chiola estaba borracho cuando lo atropelló. El joven, quien es nieto de un exsenador, huyó y dejó al pobre hombre muriéndose en el asfalto. Nico Fernández se recibió en Brasil de administrador de empresas y volvió a Paraguay para morir atropellado por un ebrio. Ocurrió en enero y tras nueve meses de dolor, la Justicia señala que Nico es culpable de su propia muerte, por cruzar la calle donde no debía. Mauricio Gulino Lird, aunque estaba manejando borracho, será blanqueado.

Julio Núñez de 56 años perdió la vida el sábado, también por culpa de un ebrio al volante. Estas víctimas también pagaron por la corrupción del sistema. El control en las rutas están direccionadas para perseguir a los pobres, para recaudar en coimas a sus costillas. Nunca funcionó para proteger a inocentes de muertes injustas y los agentes de control son tan culpables como los propios infractores.

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