@uruser Para gobernar hay que liderar, no mandar ni tirar plata. El que obedece por miedo puede irse con otro amo que le dé más seguridad y el que solo está por el dinero, pues por dinero se irá. Esta agitada semana que hemos vivido en Paraguay ejemplifica perfectamente esto: una ministra (Lafuente) que tenía el cargo, pero había perdido el poder por un sinfín de cosas mal hechas y una política educativa que, debemos reconocerlo, no mejora por más reformas que se le hagan.
Al final, la cuestionada (y casi censurada por los senadores) ministra debió dar un paso al costado, que nadie en su sano juicio podrá explicar por qué demoró tanto en hacerlo.
Lo ocurrido en el colegio República Argentina denuncia la fallida política oficial y no solo en lo educativo: los alumnos tomaron el colegio muy fácilmente (a pesar del anuncio previo). Las autoridades, primeramente, decidieron solucionar con la policía (con un gran despliegue y rompiendo la puerta) o judicializar todo (fiscal mediante). La incomprensible actitud de la ministra (“vengan acá, les mando una camioneta”) desnudó una tonta lectura de la situación en la misma línea de siempre: Yo mando, acá estoy, ustedes vengan.
Al final, acorralada y deslegitimada, Lafuente se fue, pero lo importante es aprovechar este momento para plantear nuevos modos de relacionarse, basado en el diálogo y en el respeto, propiciando la aparición de líderes pensantes.
A todo esto, por supuesto, no contribuye en nada la frase pretendidamente graciosa del presidente sobre los senadores que se oponen a las viviendas de San Francisco (“hay que guachear a los senadores que no quieren las viviendas”) y mucho menos la pretendida defensa del “guachero” Bóbeda. Triste, terrible y lamentable, ya pasaron los tiempos de la guacha y el arreo, la letra ya no entra más con sangre.
Habrá que hacérselo notar a estos muchachos, no a los guachazos seguramente, sino a los votazos y a la primera oportunidad.