Por Hugo Barrios @Huguelli El otro día fui a almorzar a un comedor. Ordené un guiso de arroz. Luego de acomodarme en la mesa, me sirvieron un plato humeante, con un trozo de pan. En el amplio salón había una docena de mesas, algunos comensales estaban degustando aún sus menús.
Para distraerme, observaba el noticiero de Telefuturo. En ese instante, pasaban el informe de una denuncia por abuso sexual. La víctima: una niña. El principal sospechoso: su propio padre. En la nota hablaba la mamá de la criatura. Entre sollozos y de espaldas a la cámara, la mujer relataba de forma desgarradora los detalles del vejamen. La Fiscalía está investigando el suceso y el presunto autor no se presentó aún a declarar. Podrían declararlo en rebeldía.
A mi derecha, una señora con un paño atado en la cabeza escupía de rabia e impotencia. Era la cocinera y propietaria del negocio. Una vez que concluyó el informe, se mostró indignada por lo que acababa de ver en la tele. “¡Esto no puede ser!, ¡cómo un papá le va a hacer eso a su propia hija! Un día nomás quiero ser Presidenta para ordenar que estos violadores se pudran en la cárcel. ¡A estos hay que agarrarlos de su ma’éra y cortarle con cuchillo caliente!”, disparó. Yo, para entonces, ya acababa de terminar mi plato y en el resto de las mesas seguían degustando sus pucheros con mandioca.
Me acerqué para pagar. La comerciante continuó su discurso. No se resignaba. Esta vez se dirigió a mí para expresar su preocupación e indignación. Yo no hice más que darle la razón en todo. Obvio que lo que acabábamos de ver era como para tomarse de la cabeza y lamentar. Le dije que, en mi calidad de papá, no entiendo cómo alguien puede llegar a hacerle eso a su propia hija.
Me dijo que ya no se puede confiar en nadie y coincidí con ella. Se quejó de la inseguridad, de la violencia y de los monstruos como el protagonista de esa trágica noticia. Moraleja: debemos indignarnos más y no tomar como algo “normal” un abuso. No actuemos con indiferencia y al menos mostremos algo de la rabia que exteriorizó la cocinera indignada. Ya tú sabes.