@pablonoearaujo El papa Francisco está Paraguay y su presencia es tan impactante que las huellas que está dejando serán eternas. Partiendo desde una agenda marcada por una enorme carga social, pone a la vista las carencias más profundas de una sociedad desigual, que gran parte del tiempo dedica sus esfuerzos a cuestiones intrascendentes, ignorando lo verdaderamente importante, apuntalar los procesos educativos y sanitarios que otorguen a los ciudadanos mayores elementos para afrontar los desafíos de un mundo competitivo y cada vez más deshumanizado.
El análisis de su paso por tierras guaraníes debe trascender lo meramente tangible, examinando más allá de las conmovedoras expresiones de emoción y felicidad que impregnaron las imágenes a lo largo de su recorrido. También es necesario comprender la movilización espontánea de un pueblo, que abiertamente salió a saludar a un líder, trascendiendo su carácter religioso, nos deja una reflexión social profunda.
Al contrario de lo que puede suponerse, hasta con malicia, la gente no es tonta. Las multitudes acompañaron el transitar de un referente mundial que devolvió la mirada hacia los más desposeídos. Destacó la figura de la mujer como constructora de la sociedad paraguaya. Visitó a los enfermos y a las privadas de su libertad. Escuchó a los principales referentes de las fuerzas sociales.
Francisco con su austeridad, carisma y sencillez, no solamente rompió el rígido protocolo, sino que demostró el camino a seguir, acercarse a las personas, para reposicionar un perfil humano como centro de la discusión social, por encima de los intereses económicos y políticos coyunturales.
La estampa grabada en la memoria no debe ser dilapidada reduciendo nuestro proceso democrático a actos electorales. La semilla de la indignación está germinando lentamente. Los abucheos a los políticos oportunistas denotaron este sentimiento de insatisfacción popular que es indisimulable.