@diegomarini En las fechas como el 12 de junio nos cansamos de escuchar encendidos discursos patrióticos y románticos sobre las indudables gestas heroicas de quienes combatieron en el Chaco y en cierto sentido está bien que valoremos el esfuerzo y todo lo que significó esa cruel guerra. Ahí fueron a morir muchos hombres, algunos muy jóvenes, otros quedaron lisiados, hubo familias desmembradas y demasiado dolor, la guerra no es un evento simpático y la que sostuvimos con Bolivia dejó cerca de cien mil fallecidos y desaparecidos.
Hoy, lejos de una posibilidad de heroísmo militar, ya que las guerras han perdido el rasgo de la valentía y ya no son frente a frente, ni caballerosas, ni bizarras, como al menos antes se cantaban, deberíamos poder lograr llevar ese amor a la patria a la vida civil y medir a quienes hoy dirigen el país desde el patrón del esfuerzo que pusieron los mayores para defender al Paraguay.
Y no vemos heroísmo en las fumigaciones con agua cuando sabemos que ha sido el dengue a través del aedes aegypti, un enemigo letal incluso para nuestra infancia. Tampoco se ve amor a la patria en el blindaje político que se le da al contralor, que está obligado a revisar con tenacidad el gasto público y que sin embargo se ha cansado de tirar nuestra plata en dineros injustificables. Así podríamos citar varios hechos, recientes y lejanos pero que tienen en común eso, que atentan contra nuestra nación.
El heroísmo entonces está en defender el dinero público, no solo por evitar el goce por parte de quien no merece, sino por sobre todo porque es esa plata la que permitirá que nuestro futuro sea distinto, con un gasto público que sea digno, con un país que ofrezca todas las oportunidades, con hospitales y escuelas a la altura de los herederos de quienes murieron en el Chaco por algo mejor.