@marianonin1 “Las heridas se curan pronto. Las que no cicatrizan son las heridas del alma. Esas duelen para siempre”. 08:45. Creo que muchos nunca olvidarán esa hora. Dejaba de latir el corazoncito de Viviana. Tenía 3 años. Agentes de la Senad balearon por error a una familia que paseaba en su vehículo. Los atacaron con suma violencia. Sin previo aviso. La nena recibió un disparo en la cabeza, su tío tres en todo el cuerpo.
Los sorprendieron en un camino de tierra que va a la estancia del dueño del vehículo. Los persiguieron a balazos hasta que llegaron al establecimiento. Quienes estuvieron ahí relatan que fueron dos camionetas blancas y una negra. El horror solo comenzaba.
Los cuatro ocupantes del vehículo fueron bajados a golpes mientras, según los testigos, los agentes de la Secretaría Antidrogas les gritaban que no miren ni hablen. Ni siquiera se identificaron. Cuando se dieron cuenta del error, ya era tarde. La pequeña sangraba en brazos de su abuela.
Dicen que fue un operativo contra las drogas, pero ¿quién lo asegura? En un país en el que estamos acostumbrados a dudar de todo, el “error” podría ser algo más… quién sabe. Desde la propia Senad reconocían hace poco que 7 de cada 10 agentes antinarcóticos eran corruptos, algo de lo que todos hablan, pero contra los que nadie pudo hacer nada.
Tras el incidente nuestro presidente, Horacio Cartes, actuó de manera indolente. Dejaba en stand by la destitución del ministro de la Senad, Luís Rojas, quizá esperando que se calmara la situación, pero la indignación ciudadana solo creció. Con más resignación que convencimiento, finalmente, Rojas renunció y los agentes fueron imputados.
En Pedro Juan, mientras tanto, sicarios volvían a matar a tres personas entrada la tarde, y disparaban contra comercios del asesinado Jorge Rafaat. Del dolor al luto y la impunidad, las dos caras de una situación que es moneda de cambio, mientras las drogas siguen copando las calles destruyendo a nuestra juventud.