@feryirobles Desde hace meses venimos viendo en las noticias que en Brasil la epidemia de Zika está afectando a miles de personas, sobre todo a embarazadas y a sus fetos, dando detalles de los síntomas y las consecuencias que trae adquirir este virus, recordando una y otra vez que la única vía de trasmisión de la enfermedad es a través de la picadura de un mosquito, el Aedes aegypti, y que la única manera de prevenirla es limpiando nuestras casas.
En el marco de la prevención de las enfermedades trasmitidas por este vector, en nuestro país ninguna estrategia comunicacional de ningún ente, empresa, o particular, omitió algún detalle al respecto; especificando hasta las características del mosquito y hasta cómo derramar el agua acumulada en una tapita de gaseosa, con palabras, gráficos, imágenes en 3D, y hasta una música en guaraní dedicada a la chikungunya. Sin embargo, en Paraguay siguen aumentando los casos de dengue, siguen muriendo compatriotas por esta enfermedad y ya apareció el primer caso de zika en una embarazada.
Llevamos años con la epidemia del dengue encima, una dolencia que se está volviendo tan añeja como la haraganería del paraguayo, que indignado por las noticias solo mira por TV lo que asecha al país, mientras espera que llegue alguna funcionaria pública a limpiar su patio, o en la espera de la creación de una vacuna que prevenga estas enfermedades.
Ni el concurso de “Miss puerca” implementado por un municipio como estrategia para motivar la limpieza pudo contra la haraganería. En cada cuadra todos tenemos un patio baldío cubierto de malezas y basuras, y hasta en nuestras propias casas, todavía nos quedamos en la cama después de una lluvia en lugar de ponernos a trabajar para cuidar nuestra propia integridad.
Ninguna muerte es digna, pero sería una vergüenza morir por falta de voluntad. Y que quede claro, no hay citronella impregnada a nuestro cerebro que nos salve si seguimos viviendo entre la puerqueza.