@uruser Es curiosa la palabra “miserable”, porque comprende tanto al que sufre de “miserabilidad”, como al que la causa. Así puede ser considerado miserable el que robaba y se daba una vida de rey con los vales de combustible de la institución policial, como la situación del uniformado que fue al hospital policial hace un mes y no estaba ningún médico, o de los vecinos que deben darle plata a los agentes para que puedan cargar combustible al vehículo.
Curiosa situación la de los policías que ven descontados de sus magros salarios miles de ítems, aportan para la cooperativa, para el hospital, compran sus balas y los uniformes, y después un “camarada” se da el lujo de pagar un millón y medio de guaraníes, o sea, casi un salario mínimo, para estacionar cuatro lujosos vehículos.
Curiosa la declaración del comandante vergonzosamente saliente, advirtiendo a su sucesor que “de este cargo no se sale por la puerta grande”. ¿Reconocimiento de una situación de hecho y aceptada? ¿Será como casarte con la mujer de tu vida y darte cuenta que es una bruja? Pero nada debe extrañarnos, si en la propia institución que debe “contraloriar”, una secretaria de escasos merecimientos (aunque abundantes méritos carnosos) ganá más que su propio jefe, y los muchachos triplican sus sueldos en horas extras, yendo a marcar en short y acompañados de simpáticos perritos.
En la tierra de los avivados, de secretarias vip, de uniformados delincuentes, de peajeros, de torres que crecen hasta el cielo sobre raudales y cloacas, están también los que se levantan temprano a laburar, y que ahora sacan las cuentas porque con el pretexto del aire acondicionado les enchufan un transporte más caro y que no anda de noche, los que compran dos tomates porque no le da para comprar medio kilo... y más abajo aún los que piden en las esquinas, los que no tienen futuro ni proyectos, ni chances, ni lugar donde dormir.
Pero no todo es malo: parece que el presidente tiene novia nueva... ¡que viva el amor!