@pablonoearaujo Las elecciones internas de los partidos y movimientos políticos del domingo pasado nos dejaron una serie de enseñanzas:
- La calidad del voto sigue influenciada por una serie de elementos que afectan la independencia del elector. Hablar de la desmedida campaña electoral de quienes poseen más recursos económicos, es tal vez la evidencia más contundente al respecto. Un concepto que debe replantearse cuando el propio Presidente asume que invirtió una multimillonaria suma de dinero para poner a su candidato en la titularidad de la ANR. En este escenario, más que nunca surge la necesidad de afinar una ley de financiamiento político transparente, acorde a nuestras necesidades.
- Cartes dijo que era la primera vez que se realizó una campaña electoral sin utilizar recursos del Estado. Tal vez, en el imaginario del primer mandatario la idea de recursos se limita a dinero en efectivo, ya que las denuncias de desvío de leche fortificada, las presiones a funcionarios públicos para participar de actos electorales, la mala concepción del empleo de recursos del canal de televisión estatal son algunos hechos en donde se usó patrimonio estatal en favor del candidato oficialista.
- Los fuertes rumores de compra/ venta de votos también retumbaron. Una práctica común que para ser eliminada debe ser repensada. Porque hasta ahora el criterio racional destaca los perjuicios de subastar el sufragio, cuando en realidad habría que analizar la posición del votante ante una posibilidad de generar dinero. Es altamente probable que la persona venda su voto porque considera que todos los candidatos son iguales y que ningún proyecto cambiará su rutina diaria.
Es clara la consolidación del proceso del mecanismo electoral. La gente realiza el trámite y se respeta el resultado de las urnas. Aunque debemos entender que esto no alcanza. Ese acuerdo debería ser el punto de inflexión para consolidar el siguiente desafío, dar más calidad a la democracia.